Nico no estaba muerta

Para Adriana Barrera

Era otoño. Nico no estaba muerta.

Era 1999. Y ella lucía vieja y joven, eterna.

Yo viajaba en bicicleta, mirando a los otros ciclistas. Un mujer rubia, de ojos distantes y sonrisa extraordinaria aunque triste, y quizá un poco fría, pasó junto a mí. Era Nico. Di media vuelta sobre la hojarasca y pedaleé lo más rápido que pude; fui tras ella.

Había muchas cosas en mi corazón y se las quería mostrar. Pero no conseguí alcanzarla.

Ciudad de México, febrero de 2009

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