Cómo causarle miedo a tu lector

Sé que he estado un poco desaparecido, pero hay una buena razón: estuve preparando mi libro Cruz y ficción (y otras fábulas), que ya está disponible en más de 600 librerías de todo el mundo. Pero ya que me aparezco, los dejo con una nueva entrada del taller de cuento: cómo causarle miedo a tu lector.

¿Miedo o sustos?

El miedo es una sensación que crece paulatinamente hasta subyugar al lector; no es una explosión súbita al estilo Hollywood (o Resident Evil). Un grito inesperado o un ruido fuerte asusta a cualquiera, es un truco barato y efectista de gente sin talento, una superchería que no pasa de un simple sobresalto; cultivar el miedo en un relato (no necesariamente del género «terror») es un arte mayor en el que el autor debe hacer uso de su habilidad e inteligencia para conseguir meterse bajo la piel de su lector y causarle malestar. Algunas formas de conseguirlo son:

Hazlo sentir inseguro

El «terror» funciona mejor cuando el escenario es realista. Los grandes autores de «terror» lo sabían bien. Lovecraft, Poe, Hodgson, Guadalupe Dueñas, Mary Shelley, Shirley Jackson ubicaban sus historias en escenarios reales y generalmente actuales.

Para hacer sentir inseguro a tu lector debes provocarle primero una sensación de seguridad, como la que da el conocer el escenario de la historia que lee. El lector conoce su mundo, sabe lo que hay en él y se siente seguro. En este escenario, un personaje que conozca bien el escenario (su casa, su oficina, su barrio, su ciudad) y que tenga problemas con los que el lector se identifique (el trabajo, la familia, las deudas, el amor, el deber), creará en éste un sentimiento de empatía.

Ahora hay que romper ese sentido de seguridad. La mejor forma de hacerlo es introducir algo que rompa con las condiciones de normalidad que él bien conoce: una luz que se apaga súbitamente, un reptil que se arrastra fuera del cajón de los calcetines, sangre que chorrea del armario. Este evento fortuito y desestabilizador afectará al personaje y, por identificación, al lector, quien puede llegar a sentir una de dos cosas: 1) miedo por el personaje, o 2) miedo de que a él pueda pasarle algo parecido en su vida.

La atmósfera y el ritmo narrativo

La atmósfera tiene que ver con la descripción del escenario y el uso del lenguaje. El ritmo se refiere a la velocidad con la que se narra y el momento en que se produce el evento aterrador. Al principio, mientras el escenario realista se muestra, el ritmo debe ser pausado para que el lector se familiarice con él y lo reconozca. Desde el principio, sin embargo, se pueden dar pequeños indicios del horror por venir, ya sea en la descripción del mundo o en el lenguaje narrativo.

Supongamos que el evento aterrador es cuando el personaje descubre que se está convirtiendo en un reptil. La atmósfera debería apoyar este descubrimiento, con descripciones: “la textura escamosa escamosa de la pared”, o lenguaje narrativo: “el día se arrastraba con lentitud de lagarto”. Es importante ser sutil y no abusar de estos recursos o el lector sabrá lo que se avecina antes de tiempo.

El ritmo debe ser in crescendo, primero algunos indicios sutiles, luego la sospecha más o menos consciente de que algo no anda bien, luego la seguridad de que algo anda muy mal, luego la revelación, a partir de ahí, pueden suceder más eventos aterrador de mayor intensidad, pero hay que tener cuidado de que exagerar o el impacto del relato se perderá. Es por esta razón que un cuento de terror es, por regla general, más efectivo que una novela de terror, que se vuelve aburrida cuando se sustenta en las revelaciones y eventos aterradores.

Reconoce tus miedos personales

Si algo te da miedo a ti, seguramente a alguien más también le dará miedo. Pero no sólo es eso. Cuando conoces el miedo de cerca, conoces sus efectos en ti, el sudor frío que recorre tu espalda cuando se va la luz, la frustración cuando debes desandar toda una calle porque hay un perro y debes buscar otro camino, la picazón por toda la piel cuando ves un racimo de arañas, la impotencia ante la inminente muerte de un ser querido, cualquier sentimiento único que experimentes frente a lo que te causa temor servirá para transmitir esa sensación en el lector de forma creíble.

Piensa en todas las cosas que disfrutas, las que hacen que la vida sea un poco más soportable, e imagina cómo sería tu vida si te quitaran estas cosas. Tal vez dos de los placeres que dan sentido a la vida son la comida y el sexo. Imagina lo que pasaría si desarrollaras una enfermedad virulenta que te causara náuseas y vómito al oler cualquier alimento cárnico y uno de sus síntomas fuera la aparición de supuraciones sépticas y olorosas por toda el cuerpo. ¡El horror, el horror!

“Vivo con el temor de que sea un diablo y no yo mismo quien guía mi mano al escribir”.

El horror cotidiano

No todo el horror viene de la sangre y los fluidos nauseabundos. La incertidumbre es otra forma de poner nerviosas a las personas. ¿Recuerdas lo que sientes cuando, tarde por la noche, el metro se tarda en llegar? Esa sensación de no saber si llegará o no (sabes que sí llegará, pero no puedes evitar pensar en: “y si no…”) puede convertirse en miedo en un instante. ¿Y si al llegar el tren, no se detiene y continúa avanzando a toda velocidad? ¿Y si se detiene y las puertas no abren? ¿Y si al entrar al vagón y avanzar, te das cuenta de que “no debería ir por este camino”?

Al caminar por la noche, ¿qué sientes si escuchas pasos o sientes que alguien viene detrás de ti? Al mirar atrás, ¿qué te asustaría más: descubrir que no hay nadie ahí, o descubrir que sí lo hay?

El truco es mantener el estado de anticipación o incertidumbre el mayor tiempo posible antes de revelar el evento aterrador. Puedes incluso hacer fintas, es decir, revelar que no era nada, sólo el nerviosismo de tu personaje. ¿Cómo no va a sentirse nerviosa una persona al ser la única en la estación del tren y ver que el tren no llega, o al caminar por una calle conocida cuando el alumbrado público ha fallado?

Al revelar que no era nada, no estás engañando a tu lector, estás creando la atmósfera adecuada para revelar el evento aterrador en el momento preciso, quizá una vez que todo vuelve a la normalidad. El tren llegó al fin, subes, llegas a tu destino, bajas del vagón y caminas hacia la calle, pero la salida está cerrada con candados y, una a una, las luces se van apagando. Da miedo, da mucho miedo. Pero, espera, aún hay más. ¿Qué es eso que se oye por allá? ¿Irás a investigar? ¿O prefieres quedarte aquí esperando a que, sea lo que sea, no sienta curiosidad por acercarse?

En resumen

En resumen, se trata de sacar a los personajes (y a los lectores) de su zona de seguridad y confort. Al descolocarlos, el horror se abre paso, y si se basa en algo de la vida real con lo que todos nos identificamos, el efecto puede ser abrumador. Y de eso se trata.

One Reply to “Cómo causarle miedo a tu lector”

¿Qué te pareció esta publicación? ¡Cuéntame!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .