Taller de cuento | El tema

Cómo elegir el tema de un cuento

Todo cuento o novela tiene que ser acerca de algo; si existen excepciones, si existen narraciones acerca de nada, ¡realmente quiero leer una de ellas! Pero digamos que todo texto narrativo es siempre sobre algo, y ese mensaje subyacente (o manifiesto), la intención de la obra, es precisamente el tema. Puede ser algo tan concreto y directo como “quisiera matar a cierto político corrupto” o algo tan vago como “el black metal y el blues deberían combinarse”.

Para tener un tema sobre el cual escribir, es importante tener algo que decir. Ese mensaje que quieres transmitir es el núcleo del cuento, y generalmente sólo es posible cuando tu relato se apoya en tu ideología, en tu postura política, en tus ideas sobre la religión, en tus valores morales, en tu ética personal, en tus fobias y tus filias, y en general en tu visión del mundo, incluyendo tus propias contradicciones.

A veces, el cuento crece a partir del tema, y de él surgen las ideas para darle forma; estas ideas son aquellos elementos narrativos que construyen el relato (“un bosque de hongos gigantes con esporas que controlan el cerebro de los humanos”, “un cuento que comience por el desenlace y se vaya construyendo en orden inverso”); otras veces, estas ideas nacen antes que el tema, y es obligación del autor encontrar la mejor forma de darle ese tema al relato, para que no resulte en algo vacío o sin alma (por decirlo de esa manera, no es que crea que el alma exista, mucho menos que los objetos tengan una).

Un tema no necesariamente convierte a tu cuento en un texto político, pero todo cuento y autor debe tener algo que decir, así sea algo tan irrelevante como “el café no debe tomarse con crema ni la cerveza con limón” o “los niños son unos verdaderos diablos”. Y tú tienes algo que decir, sólo tienes que decidir qué (y cómo).

Cuando afirmo que un cuento debe tener un mensaje, no quiero que se confunda “mensaje” con “adoctrinamiento” ni “moralismo”. Novelas como Los recuerdos del pórvenir de Elena Garro, Pedro Páramo de Juan Rulfo y Crimen y castigo de Dostoievski tienen un marcado carácter político, ineludible, inobjetable, sin ser obras panfletarias. Otras como Estrella roja de Alexande Bogdánov, V de Venganza de Alan Moore y 1984 de Orwell, tienen un tono menos imparcial, pues toman partido por uno u otro bando. En estos ejemplos, el mensaje que el autor trata de darnos es claro. Pero incluso en obras como los cuentos de Poe y Lovecraft, o las novelas de Verne y Haggard, que no tienen un carácter político ni moralizante, se puede hablar de un mensaje (“el ser humano es cruel por naturaleza”, “la vida humana y el universo entero carecen de significado”, “una vida de aventuras es mejor que la vida aburrida de los burgueses”).

Antes de comenzar tu próximo cuento (o novela), además de registrar todas las ideas que quieres usar, piensa en tu tema, en qué es lo que quieres realmente decir con tu relato. Una vez que lo sepas, dale vuelta, analiza tu tema desde distintas perspectivas, y experimenta cuál es la mejor forma de transmitirlo (literatura general o de género, primera o tercera persona, tono serio, satírico o fársico, ritmo pausado o frenético, etcétera).

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