Guía rápida para escribir cuentos de terror

Un cuento de terror logra su efecto al incrementar el horror de forma progresiva. En un ejemplo de Poe: al principio te cuentan sobre la curiosidad por mesmerizar a una persona en el umbral de la muerte, a la mitad el mesmerizado revela que está muerto; al final lo liberan del trance y su cuerpo degenera en «una masa casi líquida de odiosa y repugnante descomposición».

En los géneros de fantasía y ciencia ficción, el autor muestra de frente y desde el principio alguna de las creaciones que determinan el género de la obra. La primera escena muestra algo que nos deja saber sin ambigüedades (generalmente) si estamos ante una obra de fantasía o de ciencia ficción (o de alguno de los estilos intermedios): En El hobbit, una comunidad de seres humanoides que habitan en madrigueras, celebra el cumpleaños de uno de sus miembros más célebres, y a la fiesta acuden magos y visitantes lejanos, y culmina con el celebrado haciéndose invisible; en Dune, una familia noble y su corte, se preparan para abandonar el planeta que gobiernan para irse a otro. Estas creaciones son cosas tangibles, se pueden mencionar (“los hobbits”, “los Harkonnen”, “el mago”, “el gusano gigante”) y señalar fácilmente: son objetos, edificios, criaturas, planetas, y al verlas no hay riesgo de equivocarnos: estamos ante un relato de fantasía o de ciencia ficción (o de ambas a la vez).

Pero el horror no funciona así, por lo regular. Las creaciones del horror son más efímeras, abstractas e intangibles que las de otros géneros, y se apoyan más en las técnicas narrativas (elección de palabras, ritmo narrativo, etcétera). El horror se basa menos en cosas concretas y más en hechos o situaciones.

Un viaje interestelar nos coloca de inmediato en la ciencia ficción, pero la simple mención de un hombre lobo no es suficiente para que un relato sea de horror, hacen falta otros elementos.

Requiere del desarrollo de creaciones aterradoras, pero lo que las hace aterradoras es la manera en que son implementadas. Se pueden señalar tres creaciones aterradoras básicas que, por lo regular, aparecen en la narración en un orden estricto de magnitud, coincidiendo también con los tres momentos comunes de la estructura narrativa: arranque y desarrollo, clímax, resolución. Éstos no son los pasos para redactar un cuento, sino los que toma el elemento (monstruo, idea aterradora) para evolucionar de un primer atisbo al horror final.

1. Creaciones inquietantes

La primera creación dentro de un relato de horror, es algo decididamente inquietante, pero nada más. No es sangriento, tampoco demasiado elaborado, ni siquiera hace falta que sea sobrenatural, sólo que sea algo que cause un tipo de desconexión. Se presenta en cualquier momento entre el inicio y el desarrollo de la trama antes del clímax.

No es demasiado extraño tener un personaje interesado en algún tipo de ciencia o conocimiento extravagante, como el mesmerismo. Pero cuando se revela el interés por inducir al trance a un hombre en el umbral de su muerte, la simple idea no deja de descolocarnos, pues las implicaciones son, cuando menos, perturbadoras.

Esta creación inquietante pueden ser indicios (la cámara letal en “El reparador de reputaciones” de Chambers), pistas (el narrador que menciona su miedo a las habitaciones frías en “Aire frío” de Lovecraft) o un simbolismo que genera atmósfera (los colores de las habitaciones en “La máscara de la Muerte Roja” de Poe). Estos elementos pueden llevar al lector a preguntarse qué está pasando aquí sin aún definir la naturaleza del horror. El objetivo por ahora es causar extrañeza.

Pero hay que tener presente que entre más cosas inquietantes ocurran en la narración, más se estará acercando al horror psicológico. Swamplandia! de Karen Russell apenas pasa de algún elemento inquietante y no llega a ser una verdadera historia de horror, aunque por momento lo parezca; por su parte, los cuentos de Ango Sakaguchi no dejar de ser inquietantes en casi ningún momento.

Para escribir un relato de horror, se debe comenzar imaginando esta primera creación inquietante. Debe ser algo especial pero no demasiado revelador. Si no es posible imaginar algo realmente novedoso, siempre se puede optar por el cadáver extrañamente mutilado o con heridas desconcertantes; es un inicio casi tan podersoso como el del aquel hombre que fue a Comala porque le dijeron que allá vivía su padre, o aquel otro que despertó, después de un sueño inquietante, convertido en un repugnante insecto.

2. El horror en el mundo

Es el equivalente al clímax o al momento más esperado de una película, cuando todo se tiñe de rojo. Aún no es el momento de develar la creación aterradora principal, el monstruo o lo que sea, sino de dejar claro que existe y que su presencia se ha dejado sentir en el mundo.

Es Lucy pálida y enferma, con una mórbida fascinación por la noche y los niños (Drácula); es el espectáculo de dolor efectuado en el cuerpo de Frank, en Hellraiser; es el relato del hombre de los remos en “La voz en la noche” de Hodgson; la ola de suicidios en “La araña” de Ewers; o el extraño comportamiento de los perros y los hombres del campamento en La cosa de Campbell.

Es el despliegue horroroso de los efectos que tiene la cosa en el mundo, y estos efectos son también creaciones aterradoras en sí mismas, incluso es posible escribir un relato donde sólo los efectos son visibles y su causante, jamás es conocido o explicado.

El momento en que estos efectos se vuelven evidentes, debe coincidir con el clímax del relato. No es necesario mostrar distintos efectos, o mostrarlos muchas veces, uno sólo bien ejectuado será suficiente y tendrá más fuerza que un conjunto de ellos. Entre más de estos efectos se narren, más cercano estará el relato al gore o al “survival horror” de los videojuegos, y el horror tenderá a volverse irrelevante. El primer cadáver que se levanta de su tumba, causará una buena impresión de horror; pero cuando una plaga de muertos vivientes siga a esta primera aparición, la narrativa de horror se convertirá en Rambo con zombis (es lo que pasó en Aliens).

3. La cosa en sí

Es el monstruo o amenaza principal. Pero no tiene que ser un monstruo, bien puede ser una persona, un grupo de personas, un lugar, o incluso un efecto (el horror final en “Dagon” de Lovecraft, es el suicidio del protagonista, antes de que podamos ver a su perseguidor; el destino final del protagonista de “La araña”, el efecto del trance en el cuerpo muerto del señor Valdemar). Puede ser cualquier cosa, la narración se ha desarrollado para llegar a este punto, que debe ser lo más horrible que el autor imaginar, sin perder la consistencia general de la historia.

Una historia donde aparecen personajes pálidos y enfermizos, fascinados por la noche y la muerte, no necesita mencionar la palabra “vampiro” para que el lector sepa que está leyendo una historia de vampiros, así que el vampiro principal, durante la confrontación final, debería tener algo inesperado que lo diferencia de cualquier vampiro genérico. Incluso si desde antes del final el lector es capaz de anticipar quién es el malo, la revelación de quién es debe ir acompañada de una segunda y más importante revelación: el vampiro no sufre daño bajo el sol, el borracho que siempre se aparecía en los momentos más inoportunos también aparece ahora y es un vampiro, el vampiro no es un vampiro. Pero para que esta segunda revelación funcione, debe ser consistente con todo el relato o el lector pensará que lo quieres engañar. La mejor forma de hacerlo, es incluir alusiones, pistas y símbolos inocentes, no aterradores, en varios momentos de la historia.

“La cosa en sí”, o el horror kantiano

Recomendado: 6 pasos para escribir un cuento

Anuncios

¿Qué te pareció esta publicación? ¡Cuéntame!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: