Reseña. Swamplandia! (Tierra de caimanes) de Karen Russell

Litertura universal o literatura de género

El mayor problema de leer muchas obras extranjeras, particularmente estadounidenses, es que el cerebro comienza a pensar cada vez más en otro idioma (en inglés) y cada vez menos en español. Lo que quiero decir con esto es que se nos olvida que la tradición literaria nacional es completa y radicalmente distinta a cualquier otra, y que no podemos medir los libros extranjeros con la misma vara que los nacionales.

Swamplandia! de Karen Russell (traducido como Tierra de caimanes, cómo no, por Tusquets), ha sido, además de todo, un recordatorio de que en México no existe la literatura de género, sólo la Literatura (con mayúscula).

Nuestros tres o cuatro más grandes exponentes de la narrativa (digamos Juan Rulfo y Elena Garro; ustedes elijan dos más, pero por favor que no sea Carlos Fuentes), no podrían ni tampoco deberían ser considerados escritores de fantasía, sino escritores a secas, pese a que la mayor parte de su obra contiene elementos que pueden considerarse fantásticos si nos atenemos a los manuales de literatura (siempre escritos fuera del país), incluso en su mayor parte.

El gran escritor mexicano no discrimina los elementos narrativos y formales, le da igual contar una historia de fantasmas que una de campesinos peleando a machetazos con los gendarmes, lo que le importa no es el género (fantasía, realismo) sino la literatura, el arte. Y si tiene consciencia política, denunciar las injusticias. Por ello mismo, no existe un gran escritor fantástico en México, el gran escritor mexicano siempre va a donde necesita ir para lograr la obra que desea, y no para encajar en un molde preestablecido por modas o necesidades comerciales. Fantasía y realidad son una y la misma (sólo en los últimos tiempos, los escritores se han manifestado como autores de género, pero eso se debe a su poco conocimiento de la historia literaria nacional, su malinchismo y su educación casi exclusivamente tomada de la televisión y el cine de acción).

En los Estados Unidos ocurre lo contrario. El gran escritor gringo (digamos Hemingway) nunca se metería con la fantasía, a la que considera un género inferior, y el escritor fantástico no tendría credibilidad si creara una gran novela (norte)americana naturalista (ellos le llaman mainstream, literatura comercial, ¡vaya paradoja!), y sus fanáticos lo abuchearían, le llamarían “vendido”. Realismo y fantasía son dos géneros mutuamente excluyentes, y sus lectores no son el mismo.

(Nota: Hay excepciones en ambos países, me estoy refiriendo a generalidades).

Por eso es una agradable sorpresa encontrar un libro como Swamplandia!, una novela que va del naturalismo descriptivo de los pantanos de Florida al fantástico ambiguo (el verdadero fantástico, según Tzvetan Tódorov), en el que ni la lectora ni los personajes se enteran si el fantasma existe sólo en su mente o si también existe fuera de ella.

The beginning of the end can feel a lot like the middle when you are living in it.
¿De qué se trata?

Swamplandia! narra la historia de la familia Bigtree, que se dedica a la doma de caimanes y que tiene un parque temático donde la principal atracción es Hilola Bigtree, la matriarca, que lucha con los peligrosos reptiles, pero los problemas para la tribu Bigtree comienzan cuando Hilola enferma de cáncer y un nuevo parque temático abre en la zona, llevándose a la mayoría de los turistas.

Por si fuera poco, la hija del medio, Osceola, tras descubrir sus habilidades como espiritista, comienza un amorío con un tal Louis Thanksgiving, un fantasma, que le pide acompañarlo hasta el inframundo, donde podrán casarse.

Kiwi, el hermano mayor, abandona la isla, aprovechando la ausencia de su padre, para buscar el ingreso a una universidad y ayudar económicamente a la familia, por lo que termina trabajando en World of Darkness (Universo Oscuro, según Tusquets), la competencia.

La mayor parte de esto es narrado desde la perspectiva de Ava Bigtree, la menor de las hermanas, de sólo trece años, quien decide ir en busca de su hermana para impedir que se case con el fantasma, pues un matrimonio con un muerto no puede traer nada bueno. En su aventura a través de los pantanos, contará con la extraña ayuda de The Bird Man, un hombre misterioso que podría o no tener poderes mágicos que pueden ayudar a Ava a descender al inframundo y traer de vuelta a Osceola.

De vuelta al género

La novela ha sido descrita como realismo mágico y también como Bildungsroman (o novela de formación). Lo primero no es casual. Decíamos que la literatura en México no reconoce diferencia entre realismo y fantástico, y no debe sorprender a nadie que el término “realismo mágico” fuera acuñado en México, nada menos que por Elena Garro, si bien ella se refería a las obras de E. T. A. Hoffmann y no tanto a las suyas, a las que catalogaba como realismo a secas, contado con el lenguaje de los indígenas y los campesinos (lo mismo que se dice de Rulfo).

Los elementos fantásticos de Swamplandia!, sin embargo, no son literales o evidentes como en el realismo mágico latinoamericano, sino más sutiles, probablemente inexistentes, sólo imaginados por los personajes. Si le damos esa lectura, se trata de una obra realista sin más, pero de ese realismo que menciona Elena.

Como novela de formación, los niños Bigtree experimentan el pasaje de la infancia a la vida adulta de forma abrupta, enfrentándose a situaciones peligrosas, que requieren que se vuelvan responsables o maduren en un breve lapso de tiempo, al no contar con sus padres para resolver sus problemas.

Estas situaciones demostrarán que hay cosas más peligrosas, difíciles y atemorizantes en el mundo, que un caimán enfurecido o un fantasma.

¡Cuidado! No es la mejor traducción que ha hecho Tuquets.
El valor de Swamplandia!

La novela es fácil de leer, no contiene complicaciones estructurales, sólo las que atañen a cada personaje y sus aventuras, y el lenguaje es por momentos poético (casi obligatorio en el realismo mágico; quizá el realismo se vuelve mágico al añadirle poesía), por momentos árido (como en Faulkner, pero sin “grandes palabras”).

Los personajes están bien construidos y se vuelven entrañables después de unos pocos capítulos, particularmente Osceola, con sus vulnerabilidades y sus momentos de fuerza que sorprenden incluso a su familia (no sólo al lector).

El principal valor de Swamplandia! es ese rompimiento con la tradición norteamerigringa de mantener separados los géneros, y poner en evidencia la arbitrariedad de esa separación, que no es otra cosa que discriminación, y esto en el país más racista del mundo.

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No ficción

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