Space opera a la inversa

Nunca fui un aficionado a la space opera. Como cualquiera, disfruto de una buena novela de aventuras, lo de menos es si ésta se ubica en un río tropical del Congo, en un submarino bajo el mar o en el espacio exterior.

En la ciencia ficción, prefiero la experimentación de J.G. Ballard, la psicodelia política de Michael Moorcock, el decopunk de Catherynne M. Valente, los relatos clásicos de Th. Sturgeon y A.E. van Vogt, el feminismo de Margaret Atwood o la vulgaridad de William Burroughs.

Saga, cómic space opera de Brian K. Vaughan.

Cuando comencé a escribir relatos de ciencia ficción, deliberadamente traté de hacerlos encajar en la new wave, incluso si en apariencia formaban parte de la ciencia ficción clásica o de los subgéneros contemporáneos. También tuve la inquietud de escribir ciencia ficción espacial, pero no quería escribir sobre imperios galácticos ni batalles en naves espaciales, tampoco me interesan las aventuras de personajes heroicos ni de la élite militar.

Entonces desarrollé algunos cuentos que podrían parecer space opera pues también se desarrollan en el espacio, en naves espaciales que viajan por el universo, de planeta en planeta, pero estos cuentos están habitados por los mismos marginados, inadaptados y obsesivos que aparecen en mis otros relatos.

Y es que no me interesan las vidas de personajes socialmente perfectos, admirados y aplaudidos, valientes y llenos de virtudes, más semejantes a los símbolos de los (falsos) valores norteamericanos, y lejos del ser humano auténtico y vivo.

La crónica de los elegidos

La space opera es tradicionalmente la crónica de los héroes republicanos, de los rebeldes o de los elegidos. Este tipo de obras te dicen que si vas a ir a las estrellas primero tienes que ser especial, tienes que formar parte de un grupo de élite. Pero a mí no me interesan esas gentes, para las que en la vida real no tengo demasiado respeto ni tolerancia, o incluso miro con recelo y desprecio. Yo prefiero otra clase de personas, los que no son especiales; los plebeyos y no los nobles, los olvidados y no los elegidos, los tristes más que los sonrientes rebeldes virtuosos que terminan convertidos en santones y rostros estampados en una playera.

En el mundo, las élites lo tienen todo, y los miles de millones de seres humanos que no formamos parte de esas élites, sólo existimos para hacer el trabajo que esas élites necesitan para vivir tranquilos, sin trabajar, sin preocuparse, de aventura. Esos bastardos ya lo tienen todo, pero no tendrán mis letras ni el tiempo de mis lectores, aunque sean pocos.

Dos cuentos de space opera a la inversa

“El principio del fin”. La crónica de un amor que se acaba, del desamor como sólo puede existir en un imperialismo capitalista, sea intergaláctico o no. Relato incluido en el libro digital El país de noviembre.

“Un café en las estrellas”. ¿Cómo afecta a las personas comunes el viaje interestelar hacia el centro del universo, a través de una cronología de 60,000 años? Este relato fue elegido para una antología francesa de ciencia ficción aún sin publicarse.

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No ficción

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