Consumed de David Cronenberg (reseña)

David Cronenberg es uno de los cineastas más importantes y, sobre todo, interesantes de las últimas varias décadas, y ahora que ha dado el salto a la literatura, ¿también impondrá un estándar en este medio? Sólo el tiempo lo dirá. Por ahora, hay que leer su debut como novelista, Consumed, y asimilarla dentro del contexto actual.

Consumed (2014) es a la vez un technothriller filosófico, un estudio sobre las perversiones y un catálogo de equipo electrónico altamente sofisticado y deseable. Los protagonistas, Nathan y Naomi, periodistas freelance y amantes que viajan por el mundo en busca de una nueva historia, repasan ese deseo, añorando equipo fotográfico y de video que aún no tienen, mientras se enganchan en extrañas relaciones sexuales con personajes igualmente extraños y se adentran, cada uno por su lado, en una conspiración internacional que involucra tecnología, sexo perverso, enfermedades sexuales y consumismo.

El título de la novela, Consumed, nos habla a la vez del producto consumido, del consumidor, de una nueva enfermedad que consume al paciente, del enfermo consumido por enfermedades imaginarias, y del deseo caníbal de consumir al otro. Todo ello narrado con detalle, lo que agradará a los aficionados a la obra de Cronenberg; la novela es una fusión del body horror de sus viejas películas con la sofisticación ballardiana de sus obras más recientes. Y es que esta novela se lee como si J. G. Ballard la hubiera escrito, basado en una película del cineasta, como reflejo de la vez en que el cineasta adaptó a su medio una de las novelas más emblemáticos del escritor británico, Crash.

Una breve sinopsis

La novela narra las aventuras de Naomi y Nathan, que viajan por distintos lugares del mundo buscando una buena historia que los ponga en el radar del periodismo serio (anhelan una paginita en The New Yorker), algo muy poco probable para este par de, como los llama el autor, “parajournalists”, “paraperiodistas”, una clase de periodista que se involucra tanto con su sujeto que, lejos de cubrir la historia de forma objetiva, colabora con él para construirla, en un acto de ficcionalización compartido.

Nathan conoce a Molnár, un doctor que droga a sus pacientes mientras les realice cirugías clandestinas, les toma fotografías bajo los efectos de la droga y la cirugía, y exhibe el resultado en un restaurante; tiene relaciones sexuales con una paciente desahuciada de Molnár y se contagia de una ETS que se creía extinta; viaja a Canadá, donde vive el médico que descubrió y le dio nombre a la enfermedad de Nathan; se queda a vivir en la casa de Barry Roiphe, el médico, y su hija, Chase; en conjunto con Roiphe, planea escribir un libro sobre los nuevos descubrimientos de éste, al que titularán Consumed y con el que Roiphe espera ser reconocido como el nuevo Oliver Sacks.

A su vez, Naomi se encuentra con la historia de los Arosteguy: Aristide y Célestine, unos filósofos radicales franceses que parecen versiones posmo de Sartre y de Beauvoir, que seducen a sus estudiantes con sexo intelectual, lanzan críticas acerbas contra la cultura consumista a la vez que dicen joyas absolutamente modernas y parisinas como: “El manual de usuario es la única literatura auténtica de la época moderna”. Pero Aristide es sospechoso del asesinato y desmembración de su esposa, y quizá de comerse parte de su cuerpo, truculenta historia que Naomi decide investigar, siguiendo el rastro del ahora desaparecido sospechoso, que la lleva hasta Tokio, donde se queda a vivir con el philosophe francés; es aquí donde, a través de sus conversaciones por Skype con Nathan, descubre que existe una conexión perversa entre los Arosteguy, Chase Roiphe y la República Democrática de Corea del Norte, sin contar el ejército de personajes bizarres que pululan por todo lo largo y ancho de la novela.

El estilo

Cronemberg describe y explora el material de la novela con ironía, y la narración avanza buscando analogías escandalosas y provocativas entre la tecnología y el sexo. Se habla de penes retratados a detalle en un iPhone, se exhiben las partes de un cuerpo mutilado elaboradas en una impresora 3D, se describe a detalle un equipo de audición que le permite a un hombre escuchar los insectos que habitan en el interior de uno de los senos de su esposa, se analiza el tema de las mujeres empaquetadas en cajas para ser abiertas como se abre el empaque de un nuevo dispositivo electrónico, se hace una comparación entre la apertura de una cámara y los ejercicios de Kegel.

Las ediciones de Alfaguara son horribles pero sus traducciones son mejores que las de Anagrama, que también edita Consumidos en español.

La obra es, también, no precisamente una crítica sino un poner en evidencia la omnipresencia de cámaras y micrófonos que graban todos los movimientos de los habitantes del mundo: los protagonistas son parte de este sistema de registro, al grabar las conversaciones que sostienen, en audio y video. Esto puede provocar que el lector piense que Cronenberg está de acuerdo con las acciones y la ética de sus personajes, pero ése no es el caso; simplmente, su narración es realizada con un ojo analítico (similar al ojo ante la cámara de sus películas) que no emite juicios de valor. Es importante recordar que no condenar algo no significa apoyarlo.

El joven líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, se convierte en un personaje recurrente (aunque siempre tras bambalinas), Cronenberg evita el error de ser sensacionalista, y el tema central de la novela es la puesta en escena de sexualidad perversa y romántica, decadente y extraña.

El ojo clínico y frío de Cronemberg que hace que sus películas, hasta las más realistas, parezcan de ciencia ficción, también se encuentra en Consumed. El ambiente frío, la sexualidad periférica descrita sin eufemismos, la representación del mundo que no es el futuro pero que está a un paso de serlo, la exploración psicológica y filosófica de los temas tratados, la imposibilidad para el lector de determinar a ciencia cierta cuánto de lo que se expone a nivel científico, clínico y tecnológico es auténtico y cuánto obra de la imaginación del autor, ponen a la primogénita de David Cronenberg en la misma zona de las obras de William Burroughs (Roiphe y Molnár parecen ser, por momentos, clones del viejo Dr. Benway, con el que comparten la actitud hacia la ética biomédica), J. G. Ballard (fundador de la ciencia ficción que explora el espacio interior más que el exterior: el presente visionario), William Gibson (primer autor en integrar perfectamente el cuerpo humano con la máquina) y Don DeLillo (¿acaso la aparición del lpider norcoreano no nos recuerda a su novela Mao II?) Por cierto que a tres de ellos, Cronenberg adaptó al cine.

De forma sobresaliente, la novela no cierra con una línea o pasaje que resuelva todos los problemas planteados, sino que nos muestra un final a la vez abierto y cerrado, pues los protagonistas, que primero cedieron su puesto como foco de la narración para dejar a sus sujetos contar sus historias, ahora incluso se van detrás de las cámaras, mientras que dos personajes secundarios conducen las últimas páginas de la novela hacia la conclusión. El final es abierto en tanto que quedan dos historias sin resolverse, pero es cerrado porque esas historias sólo pueden resolverse, eso sí, fuera de cuadro, de una forma dramática y definitiva que la plática entre estos personajes secundarios deja muy clara: ser consumidos por las historias que ambos ayudaron a construir.

Esta edición de Consumed evoca la famosa portada de El almuerzo desnudo, de Burroughs.

Si bien Consumed no alcanza las cimas de grandeza de las mejores películas de David Cronenberg, es sin duda una interesante adición a la exploración de los temas más recurrentes en la obra del cineasta, una obra que no sólo captará la atención del lector, sino que lo hará cómplice.

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No ficción

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