Songs of a Dead Dreamer, la lectura onírica

songs-2Thomas Ligotti es considerado uno de los mejores exponentes de la literatura de horror contemporánea, y su obra goza del doble prestigio de ser leída por aficionados y académicos; se encuentra en ese extraño limbo a medio camino entre el nicho de culto y la literatura mainstream, aunque a partir del plagio cometido por el escritor de True Detective, Nic Pizzolatto, en donde calcó fragmentos completos de algunos de sus textos para ponerlos en boca de uno de los protagonistas de la serie, el nombre de Ligotti ha sonado con mucha más fuerza.

Es tal la fama adquirida en los últimos años por el autor, que fue honrado con una edición de Penguin Classics, usualmente reservada a los cadáveres, no tanto a los autores que todavía respiran. La edición de 2015 consiste en reunir en un volumen sus primeros dos libros de relatos, bajo el título general de Songs of a Dead Dreamer and Grimscribe, y en el caso del Songs of a Dead Dreamer, se trata de la edición revisada y expurgada, que elimina los bocetos que se incluían en la primera edición (al parecer, de la misma clase de bocetos que se incluyen en Noctuario, y que son irrelevantes).

Lo que queda es un libro coherente, de relatos bien estructurados y que exploran distintos ambientes del horror, desde el relato de un asesino serial narrado en un estilo convencional (“The Frolic”) hasta otros más experimentales (“Notes on the Writing of Horror”, “Professor Nobody’s Little Lectures on Supernatural Horrors”). También hay historias de vampiros (“The Lost Art of Twilight”), relatos lovecraftianos (“Dr Locrian’s Asylum”, “The Sect of The Idiot”), exploraciones sobre el lado oculto de la ciudad y las criaturas que lo habitan (“The Chymist”, “Dr. Voke and Mr Veech”, “The Music of the Moon”), fantasías oscuras difícilmente clasificables dentro de parámetros más bien convencionales (“Masquerade of a Dead Sword”, “The Greater Festival of Masks”), entre otros.

Los relatos se agrupan en tres conjuntos, “Dreams for sleepwalker”, “Dreams for insomniacs” y “Dreams for the dead”, con sutiles diferencias entre ellos, aunque casi todos pueden considerarse dentro del realismo mágico en el sentido de que son obras realistas en las que irrumpe algún elemento imaginario.

El horror desconocido

El horror que escribe Ligotti es menos visceral que existencial. No es fácil señalar qué es lo que perturba en estas historias, muchas de ellas en torno a tradiciones y rituales, subvirtiendo ambos al evidenciar las grietas que existen en ellos y que aquello que se considera verdadero, puede ser cuestionado, y lo es mediante personajes que se salen de la norma y situaciones anormales pero no necesariamente fantásticas o sobrenaturales.

Algo que comparten todos los relatos de este libro es la idea de que para provocar el horror no se necesita de un monstruo o humano monstruoso que cometa atrocidades, sino que el mundo es en sí mismo una atrocidad y en este escenario, los seres atormentados por la carga que supone la consciencia de este hecho, llevan a cuestas sus vidas sin buscar un cambio (no mejorar su vida ni terminarla). En este sentido, sus relatos nos recuerdan a los del maestro del horror moderno, Edgar Allan Poe.

La mayoría de estos relatos comienzan con una situación mundana como una visita familiar, un carnaval o la llegada a una nueva ciudad. La historia es narrada por un personaje anodino si bien taciturno. El personaje en cuestión siente una particular atracción por aquello que parece fuera de lugar, por las zonas donde la realidad parece difuminarse; tanto es su interés que, cuando algo escapa hacia este lado, el protagonista está destinado a encontrarse con ese algo, sea lo que sea, y ese encuentro lo condena al horror.

Sin embargo, nunca queda claro si ese algo que pasa de la irrealidad al mundo material, en verdad existe, porque lo que interesa al autor es el conflicto psicológico que experimentan sus protagonistas. La existencia del otro mundo, de los sobrenatural, de dios, es irrelevante. El protagonista cree que ha visto algo, que ha conocido algo que escapa a toda idea racional. Pero el lector se tiene que conformar con vagas alusiones a la naturaleza de ese algo, pues los cuentos de Ligotti siempre dejan una respuesta sin contestar, alguna variedad de: “¿Qué fue lo que pasó?”

Las alusiones a las que la narración recurre para mantener esta ambigüedad, generalmente tienen que ver con personajes que actúan de forma extraña y aparentemente irracional, o que adoran algo tan ajeno que sus rituales no se conforman a los modelos conocidos. Los protagonistas entran en contacto con estas prácticas, pero no sacan nada de ellas, lo que implica que aun si existe un significado de la existencia, éste es incognoscible, y tratar de comprenderlo sólo puede conducir a la locura.

Una lectura onírica

songs-1El tono ambiguo de los relatos convierte la lectura es una experiencia cercana al sueño; uno lee estos relatos y sabe que hay algo profundo en ellos, pero también se sienten sin sustancia, efímeros. Al terminar cada relato, es difícil recordar con claridad lo que acaba uno de leer, y esta sensación se acrecienta conforme se avanza por el libro, y con excepción de “The frolic”, el cuento con el que abre la colección y que es el más realista de todos, el resto parecen esfumarse de la memoria igual que los sueños al despertar. Más que una idea clara de la historia, lo que permanece en la memoria es una sensación que va de la melancolía al temor vago.

Como en los sueños, en estos relatos no pasa gran cosa (a nivel acción), y aunque la narración se extiene a lo largo de varias páginas, lejos de contarnos a detalle las acciones de los personajes, que no son muchas, los relatos se conforman de la exposición de las ideas y emociones que tienen o atraviesan los protagonistas.

La forma más usual que toman estos auténticos relatos oníricos es el recorrido que hace un personaje por las calles de alguna ciudad sin nombre ni ubicada geográficamente en espacios conocidos. El relato consiste en la descripción de las calles y edificios, y sobre todo de los pensamientos y sensaciones que el protagonista tiene en su andar, provocados en parte por el escenario y en parte por su propio estado mental, así como una idea vaga de lo que puede encontrar ahí. La estructura y sobre todo la atmósfera general de estos relatos, nos recuerda algunos de los relatos más atmosféricos de Clark Ashton Smith, particularmente “Una Noche en Malnéant”, así como las pesadillas literarias de Kafka y Robert W. Chambers.

Songs of a Dead Dreamer es un buen libro para conocer la obra de Thomas Ligotti; cada cuento suma al total de la colección. Sin duda, más interesante y mejor logrado que el ya reseñado Noctuario.


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