La cosa, o ¿Quién anda ahí? de John W. Campbell (reseña)

thing5La cosa (Who Goes There?) es una novela corta de John W. Campbell, publicada originalmente bajo el pseudónimo de Don A. Stuart en 1938, votada en 1973 como una de las mejores historias de ciencia ficción de todos los tiempos. Ha sido adaptada al cine en dos ocasiones, primero con el título de The thing from another world (Christian Nyby, 1951 -aunque el actor principal Kenneth Tobey dice que fue el productor, Howard Hawks, quien la dirigió, y que Nyby sólo rodó una escena- una de las peores películas que existen y no merece ser vista), y después con el de The thing (John Carpenter, 1982), y que se considera una de las 3 ó 4 mejores películas de ciencia ficción/terror de la historia.

Es a partir de la versión de Carpenter, que la novela fue redescubierta, ahora mejor conocida con el título de la película que con el original. En español se puede leer en la colección La cabeza de la Gorgona y otras transformaciones terroríficas, publicada por Valdemar.

Una breve sinopsis

En la Antártida, un investigadores científicos que estudian el polo magnético secundario, descubren una nave espacial antigua sepultada en el hielo, caída en la Tierra millones de años atrás. Cuando tratan de recuperarla, la destruyen al calcular equivocadamente la cantidad de explosivos que se necesitan, pero a cambio recuperan el cuerpo congelado de uno de sus tripulantes.

Mientras el grupo discute qué hacer con aquella criatura, ésta se descongela y vuelve a la vida, convirtiéndose en un peligro para todos los miembros del grupo. La criatura puede tomar la forma, la personalidad y los recuerdos de cuaquier ser vivo, al combinar el material genético de ambos. La criatura puede ser cualquiera, y cuando todos los hombres del grupo se hacen conscientes de este hecho, comienza vertiginoso juego del gato y el ratón bajo la lente de la paranoia. Todos sospechan de todos, pero no hay duda de que al menos uno sigue siendo humano (de otro modo, ya lo hubieran atacado).

Tras algunos conflictos, los miembros aún sobrevivientes llegan a un compromiso: al comprender que cada parte del monstruo, incluso una simple gota de sangre, es una entidad en sí misma, tomar una muestra y aplicarle calor, la muestra reaccionará y se podrá saber quién ha sido convertido y quién sigue siendo humano. Al descubrir esto, sólo falta destruir a cada nuevo brote del ser.

[El siguiente video es un resumen de 2 minutos de duración, que captura a la perfección la historia y el estilo de la película de Carpenter]

¿Ciencia ficción o terror?

La versión cinematográfica de los 50 es una de las primeras obras en explorar el terror xenofóbico de posguerra, cuando los gringos dejaron de temer a los monstruos clásicos (vampiros, momias, científicos locos) para concentrarse en otros miedos más concretos: la invasión china, la guerra atómica y el otro como enemigo, que enraizaron en una sociedad de por sí racista, hasta sublimarse en estas visiones de horror cuya culminación y máximo exponente es el filme Alien (Ridley Scott, 1979).

La novela original es iniciadora de una ya larga tradición que combina la ciencia ficción y el horror. Es ciencia ficción por sus temas (la existencia de un organismo extraterrestre; la explicación técnica sobre cómo se adapta a un entorno extraño para él, que es nuestro planeta; el mecanismo para descubrir a los infectados) pero es terror en su tratamiento (se juega con una versión sui generis de la estructura del descubrimiento; el monstruo es descubierto desde el principio, y la sensación de temos es creada a través de diálogos cada vez más enloquecidos, inspirados por el miedo paranoico de los personajes).

Es cierto que ya Mary Shelley con su Frankenstein o el moderno Prometeo (1818) había combinado la novela de terror con los elementos de una naciente literatura que después sería llamada ciencia ficción, pero el esfuerzo de la autora no fue consciente, es decir que ella no concibió su obra maestra como una mezcla de dos géneros; ella, y sus lectores, seguían leyendo Frankenstein como una obra de terror, incluso de terror gótico. No por nada “fue una noche oscura y tormentosa” cuando fue gestada.

La ciencia ficción es, por excelencia, el género que habla sobre la realidad no como es sino como podría ser. La película de 1951 habla de lo que sucedería si no se logra contener el foco de contaminación (el comunismo): una gran pandemia se expandiría por todo el mundo (occidental), amenazando con acabar con la cultura y la gente buena. Este mal debe ser contenido y eliminado, no estudiado ni comprendido. El alienígena llega de otro lado, no importa de dónde ni por qué, ataca y no se detiene ante nada.

El monstruo de Frankenstein atacó por venganza, Drácula era un depredador que mataba para alimentarse, el hombre lobo era un hombre dominado por la rabia feral, no existía auténtica maldad en ellos, y sus motivos eran bien conocidos al menos para los lectores o audiencias de las películas. Los monstruos extraterrestres nunca nos resultan conocidos, representan la maldad absoluta y la extrañeza absoluta, no comprendemos sus razones, sólo sabemos que si no los destruimos, nos destruirán ellos a nosotros.

Esa abyección de la primera adaptación al cine, ha dañado irreparablemente a la novela original, y ni la excelente versión de Carpenter ha logrado subsanar ese error. La novela de Campbell no era anticomunista. Baste recordar que fue escrita en 1938 para que quede demostrado.

El origen de La cosa

El verdadero origen de esta novela no era una forma de racismo sino el sentimiento de maravilla (sense of wonder) que le inspiraban al autor su propia madre y la hermana gemela de ésta. De maravilla o de espanto. Como se cuenta en el libro de Gary Westfahl, The Mechanics of Wonder: The Creation of the Idea of Science Fiction (1998), cuando Campbell era niño, era incapaz de distinguir entre su madre y su tía. La angustia que el pequeño sentía pudo habre sido el germen detrás de esa historia en la que un ser se mimetizaba totalmente con su víctima hasta volverse indistinguible de ella.

El auténtico sentimiento de horror, como lo explica Freud (“Lo siniestro”, 1919), es una expresión de la angustia. El horror subyaciente de La cosa es el horror a lo desconocido, un miedo auténticamente sin objeto, un miedo que es pero que no se sabe por qué es. Lo siniestro, explica Freud, es aquello que siendo de sobra conocido o familiar, se vuelve extraño a uno mismo y amenazante. La criatura de este relato es uno de los mejores ejemplos, pues más allá del miedo que causa el monstruo cuando los investigadores pueden verlo, sobresale el miedo que experimentan cuando no pueden verlo, cuando saben que se esconde entre ellos, cuando uno de ellos (o más de uno) puede ser el monstruo. Los amigos, los compañeros en quienes se confía, podrían haberse convertido en el monstruo. El rostro familiar se vuelve extraño y amenazante. Lo mismo que el rostro de la madre cuando aparece con su gemela.

Este retrato de la infancia de John W. Campbell, combinado con sus estudios de física en el MIT, nos permiten comprender el trasfondo de esta obra sin inmiscuirla maliciosamente en los miedos irracionales y racistas de los estadounidenses, de las siguientes dos décadas.

thing3De lo que no se escapa el buen Campbell es de, eso sí, formar parte de los blancos suspremasistas. Esto no es evidente en la novela, particularmente en su descripción del protagonista MacReady (“un personaje de algún mito olvidado, una estatua de bronce amenazante que hubiera retenido la vida y pudiera moverse. Con una altura de metro noventa y tres centímetros […] él mismo era de bronce: su larga barba era de color bronce rojizo, y la mata de cabello del mismo color; las nudosas y nervudas manos que se tensaban y se relajaban intermitentemente sobre las tablas de la mesa eran de bronce; incluso los ojos profundamente hundidos bajos espesas cejas eran de bronce. Una dureza de metal resistente al paso del tiempo moldeaba las hoscas y duras facciones de su rostro, y las suaves inflexiones de su voz grave”).

Una excelente novela

Pese a sus casi ocho décadas, La cosa puede seguir leyéndose como lo que es: una excelente novela ciencia ficción o de terror. El gran estilo del autor, el desarrollo de un escenario claustrofóbico y de una criatura más sugerida que bien retratada, pero con el suficiente tino para volverla temible, y el sentimiento de desconfianza imperante a lo largo de la narración, la sitúan merecidamente entre las obras más queridas de todos los tiempos, incluso si sólo un pequeño grupo de lectores del género han dado con ella en su versión original.

[“La mitad rota del piolet estaba aún hundida en el extraño cráneo. Tres ojos dementes, repletos de odio, brillaban con un fuego vivo, como la sangre recién derramada, en un rostro horadado por abominables nidos de gusanos que se retorcían, gusanos azules, en movimiento, que se cimbreaban donde debiera crecer el cabello […] Esa cosa no fue diseñada para expresar paz. Simplemente no poseía en su configuración ningún pensamiento filosófico como la paz”.]
[“La mitad rota del piolet estaba aún hundida en el extraño cráneo. Tres ojos dementes, repletos de odio, brillaban con un fuego vivo, como la sangre recién derramada, en un rostro horadado por abominables nidos de gusanos que se retorcían, gusanos azules, en movimiento, que se cimbreaban donde debiera crecer el cabello […] Esa cosa no fue diseñada para expresar paz. Simplemente no poseía en su configuración ningún pensamiento filosófico como la paz”.]
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