Muéstralo, no lo digas. O mejor sí dilo

Un lugar común al que todo escritor, más temprano que tarde, llega, es a la idea de que un buen estilo consiste en mostrar la vida de los personajes y las cosas, no en decirla. Esto es, si tu personaje tiene una escena doméstica no te limites a decirlo (“Perenganita hizo el desayuno”) sino que debes mostrarlo (“Perenganita sacó dos huevos del refrigerador, vertió aceite en el sartén caliente, rompió los cascarones con un costado de la espátula y echó el contenido al sartén. Añadió sal y esperó a que se frieran, dejando la yema algo cruda porque le gustaba reventarla con una tortilla. Al terminar, dejó el plato sobre la mesa y se fue a trabajar”).

(Ahora sólo queda la cuestión de si tiene alguna relevancia mostrar todo esto o si sólo es malgastar espacio, defecto en que incurren casi todas las novelas, incluso algunas de las mejores que han sido escritas —por eso, tal vez, hay quien considera el cuento como un arte mayor que la novela).

“Muéstralo, no lo digas”, uno de los mandamientos sagrados de prácticamente cualquier taller de escritura creativa, significa que en lugar de explicar o comentar, hay que dramatizar cada aspecto de tus personajes, como se hace en el teatro. Pero un cuento (o una novela) no es una obra de teatro, y sus objetivos y técnicas, difieren. Ah, desde luego, una obra narrativa en prosa tampoco es ni una película ni una serie de televisión, aunque a veces se (con)funden.

"¡Ay! ¡Pobre Yorick! ¿Qué se hicieron de tus burlas, tus brincos, tus cantares y aquellos chistes que animaban la mesa con alegre estrépito? Ahora, falto ya de músculos, ni puedes reírte de tu propia deformidad..." En el monólogo "Ser o no ser" de Hamlet, no aparece ninguna calavera. Ésta aparece en la escena del cementerio.
“¡Ay! ¡Pobre Yorick! ¿Qué se hicieron de tus burlas, tus brincos, tus cantares y aquellos chistes que animaban la mesa con alegre estrépito? Ahora, falto ya de músculos, ni puedes reírte de tu propia deformidad…”
En el monólogo “Ser o no ser” de Hamlet, no aparece ninguna calavera. Ésta aparece en la escena del cementerio.

En el teatro (en el cine y la tele no tanto, pero se da), no hay nada de raro en tener un personaje solo en una habitación, dando largos soliloquios que ayudan al espectador (o lector) a entender sus pensamientos, sentimientos y motivaciones. A veces, con una calavera en la mano. En una obra narrativa sería muy extraño que un personaje lo hiciera (igual que en el cine y la televisión resulta raro, y a veces increíblemente estúpido, tener una voz que narre —voiceover— lo que estamos viendo o lo que las imágenes no pueden transmitir).

Si el objetivo es que el lector entienda lo que está pensando en nuestra historia o sintiendo nuestro personaje, ¿por qué no decirlo con todas sus letras? Pero no necesariamente en la voz (alta) del personaje mismo, sino en una (breve o larga) exposición —que puede tomar la forma de un monólogo interno. Dostoievski, Stendhal y Victor Hugo así lo hacen, con excelentes resultados.

Rómpete una regla

La próxima vez que escuches, o leas, o recuerdes este consejo: “Muéstralo, no lo digas”, que fue dicho por Henry James antes que nadie, trata de recordar algún libro o autor que admires o que sepas que los demás admiran, donde esa regla se rompa. Si puedes pensar en una obra así, o en un autor que lo haga, entonces tú también puedes hacerlo. En el arte no hay nada sagrado.

(Acordeón: Algunos autores, además de los mencionados líneas arriba, que rompen con esta regla, son: Marcel Proust, Virginia Woolf, Ann Radcliffe, F. Scott Fitzgerald, J. G. Ballard y Joyce Carol Oates).

La verdad es que hay veces que mostrar en vez de decir, tiene su utilidad, sobre todo cuando se trata de comenzar en este duro oficio que es el de escritor. Conocer ciertas reglas o lineamientos, permite tener un arranque más seguro; ya será más tarde que se comiencen a quebrantar esas reglas (es una cuestión de lógica: para romper una regla primero es necesario conocerla; romperla de modo accidental no cuenta como rebeldía).

La literatura y otras formas de narrar

Pero aquí estamos hablando de la importancia de ignorar esa casi obligación de dramatizarlo todo, probablemente adquirida, en principio, sí, del teatro, y más recientemente, del cine y la televisión, medios que, admitámoslo sin reproche ni vergüenza, nos han influido más que los propios libros. Recientemente también los videojuegos, claro.

El cine y la televisión tienen una única ventaja sobre la literatura: mostrar las cosas al mismo tiempo que ocurre una acción. No necesitamos detenernos a observar la habitación, a contar cuántas velas encendidas hay en un pasillo, de qué color son las cortinas de la cámaras antes de que se consume una acción; todo esto lo vemos al mismo tiempo en que la acción se realiza. Aunque en un libro la acción ocurre en la habitación, en términos de escritura el autor debe elegir qué escribir y en qué orden presentarlo. En una película, una escena con mucha acción en un escenario natural puede dar paso a otra escena con mucha acción en un espacio cerrado, sin romper el ritmo (el ejemplo más perfecto de esto es Mad Max: Fury Road, uno de los puntos más altos del cine en toda su extensión); si en un libro queremos dos escenas de acción que se lean con la misma velocidad, tendremos que prescindir de la mayor parte de descripciones del escenario, mostrarlos sólo con pinceladas breves (la arena, el coliseo, las dunas, el pasillo del castillo), mientras nos enfocamos en narrar las acciones.

Pero la literatura es capaz de hacer cosas que los otros dos no pueden, o de hacerlas mejor, como moverse en el tiempo o explicar las cosas sin que se frene la experiencia del lector (en las películas, estas explicaciones, que buscan crear verosimilitud y aportar seriedad —“¿Lo ven? ¡Sí hicimos la tarea!”—, son largas y aburridas exposiciones, generalmente en voz de Morgan Freeman, y que detienen el desarrollo de la acción incluso peor que una escena de persecución en automóvil —uno de los puntos más bajo del cine en tanto narración, y más altos en tanto experiencia visual).

Los libros pueden describir procesos mentales detallados, mientras que el cine sólo puede sugerirlo con gestos y diálogos, o unas pocas acciones (o con el horrible voiceover ya mencionado, y que fue adoptado de la literatura).

Y… ¿cómo eran los huevos?

“Muéstralo, no lo digas” significa “describe, describe, describe”. Y entonces vamos por el mundo leyendo cosas como “Ella se sentó en el incómodo sofá negro cubierto de polvo y rasgado en varias partes”, o bien, secuencias de una acción tras otra, tras otra, tras otra, ad náuseam, como la escena del desayuno de más atrás, y que resultan del todo irrelevantes. Tal vez funcionaría mejor escribir llanamente: “Ella se sentó” o “Perenganita desayunó”.

Más que en las continuas y detalladas descripciones de objetos y personas (descripciones físicas) y secuencias de acciones simples, la riqueza de la literatura se encuentra en la descripción o representación de los estamos emocionales internos sin recurrir al lenguaje prefabricado de la educación sentimental, como lo hacen las telenovelas y las películas de la edad de oro —que resultó ser pirita.

“Muéstralo, no lo digas”, con su apariencia de verdad absoluta y que nos puede engañar fácilmente, es —la mayoría de las veces— un escudo que protege a los escritores que son (o que creen ser) incapaces de abordar la parte más difícil pero más importante de la literatura: decir la verdad.

Después de todo, importa poco o nada si Perenganita desayunó huevos estrellados, revueltos o nada. Lo que importa es cómo, al estar en la cocina, los recuerdos de su madre explotaron en su interior, inundándola de ganas de echarse correr para no llorar. Y describir eso, sí que es difícil. ¡Unos huevos, qué!

Anuncios

About the post

No ficción

¿Qué te pareció esta publicación? ¡Cuéntame!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: