Cómo escribir un cuento de terror II. El timador

Este texto es la segunda parte del artículo “Cómo escribir un cuento de terror”. Antes de continuar, es recomendable leer la primera parte, correspondiente a la estructura narrativa conocida como “El descubrimiento”, que arroja una serie de estructuras narrativas abstractas que pueden encontrarse en todos los subgéneros del horror (ghost story, relatos de vampiros y hombres lobo, invasiones alienígenas, horror cósmico, etcétera).

El timador

El timador (overreacher; estafador, tramposo, pero también se refiere a alguien que quiere ir más allá de los límites) es la segunda estructura en importancia, y nos permite entender la escritura de cuentos de terror no como historias de monstruos (abstractas), sino como una estructura (concreta) que puede abarcar cualquier tema.

A diferencia de “el descubrimiento”, “el timador” tiene una mayor cercanía o afinidad con ciertos subgéneros del terror, particularmente con el de “el científico loco”, y por la cercanía estructural, aunque no temática, también puede aparecer en relatos donde el los experimentos terribles y el científico son reemplazados por las invocaciones diabólicas y el hechicero maligno.

En esta estructura, el personaje central (no necesariamente el protagonista) es el científico loco o el nigromante (a veces, no es fácil distinguir entre ambos); ejemplos de esta figura los encontramos en relatos y novelas como “Herbert West, Reanimador” de H. P. Lovecraft, Frankenstein de Mary Shelley y La isla del Dr. Moreau de H. G. Wells. En Black Easter, or Faust Aleph-null de James Blish, el timador es a la vez un científico y un nigromante.

Al ver estos títulos, es fácil darse cuenta de qué se trata esta estructura. Tiene que ver con el conocimiento prohibido, ya sea científico o místico. Este conocimiento es usado en un experimento o en un conjuro mágico. Si en la estructura del descubrimiento se mostraba a la ciencia como reacia a aceptar la presencia de un horror sobrenatural y nos dice que: There are more things in heaven and earth, Horatio, Than are dreamt of in your philosophy (1), en la estructura del timador, es la ciencia la que funciona como agente de ese mismo horror, y sería mejor dejársela a los dioses o, al menos, lejos de las manos del hombre.

Al igual que con la estructura anterior, el timador ofrece cuatro momentos o funciones:

  1. Preparación para el experimento
  2. El experimento en sí
  3. Devolución (Boomerang effect)
  4. Confrontación

La obra teatral de Christopher Marlowe, La trágica historia del doctor Fausto (1604), nos permitirá comprender más a detalle estos cuatro movimientos, y cómo se entrelazan para producir una estructura más compleja.

Previo a la preparación

El primer movimiento, preparación, se intercala con, o es precedido por escenas donde conocemos al timador, a su medio, la historia local o los seres queridos de éste.

En Fausto, previo a la preparación para el experimento, el autor nos da el trasfondo biográfico de nuestro personaje central, el doctor Fausto, nacido en la clase baja pero que por sus méritos académicos obtiene pronto el doctorado en teología. En este prólogo, se nos deja ver que la historia de Fausto es la de Ícaro, que por querer volar tan cerca del sol, morirá por la caída al derretirse la cera que sostienen sus alas.

Preparación

Este primer movimiento consiste, usualmente, en un componente práctico y un componente filosófico que sirve como explicación y justificación del experimento.

El Doctor Fausto desea dedicarse de lleno al estudio de la ciencia más elevada, no queriendo conformarse con el conocimiento vulgar o falible. Pasa lista a las ciencias humanas (lógica, medicina, leyes, teología) descartándolas todas por no cumplir con sus propósitos, y quedándole sólo una: la magia, que elige al no encontrarle fallos, y especializándose en la nigromancia.

Le pide a su ayudante, Wagner, que busque a sus amigos expertos en nigromancia para comenzar sus estudios. Con ellos, así como otros amigos que tratan de disuadirlo, y con un par de ángeles, Fausto discute los pormenores de su interés, lo que sirve como explicación y justificación del experimento.

El experimento en sí
Fausto, de Marlowe.
Fausto, de Marlowe.

Como Fausto es una obra sobre invocación de demonios y no de ciencia blasfema, el experimento toma la forma de un pacto demoniaco, en el que Fausto vende su alma al diablo, no por una hibris desmedida, sino por un genuino deseo de lograr conocimiento más elevado. Al instante, comienzan a surgir las consecuencias de su pacto; tras firmar el contrato con Mefistófeles, en su brazo aparece una inscripción que le indica que debe huir. Fausto ya no puede vivir entre los hombres, su pacto lo ha apartado de la vida mundana.

Fausto, que no puede arrepentirse ya, decide enfrentar de lleno su destino y comienza a estudiar magia negra y conocer los secretos del Infierno.

Devolución

La devolución o efecto bumerang, consiste en mostrarnos los efecto del experimento, y cómo éste, aunque en apariencia tiene éxito (Fausto logró hacer un pacto con el diablo para aprender los secretos del universo), en realidad resulta defectuoso y comienza a crear problemas, ya sea contra el propio timador o contra sus seres queridos. En algunos casos, el timador, al darse cuenta de su error, decide enmendarlo, pero otras veces prefiere defender su obra.

El Doctor Fausto, aunque tenía sus dudas, decide sacar el mayor provecho de su pacto. Con los conocimientos adquiridos, y en compañía de Mefistófeles, que ahora es su sirviente durante 24 años, según los términos del contrato, se dedica a hacer diabluras, es decir, a practicar el mal entre los hombres, incluyendo al Papa.

La parte más amplia de la obra consiste en mostrarnos los efectos del experimento. Además de muchas risas por las diabluras, Fausto obtiene riquezas, fama y algo de influencia. Aquí, el deseo de Fausto comienza a tergiversarse; el conocimiento de la magia ya no le interesa por el amor al conocimiento, sino para satisfacer el orgullo desmedido que ahora tiene, al saberse tan poderoso.

Con el orgullo llegan las enemistades y el odio de los demás. Es atacado, sólo el poder de Mefistófeles evita que sea asesinado, pero se vuelve blanco de burlas y acusaciones.

Confrontación

Este momento representa cuando los personajes o el timador arrepentido, se enfrenta contra su creación (o contra los efectos de su experimento), en busca de salvar la vida, detenerlo, vengar la muerte de los seres queridos, impedir el fin del mundo o lo que sea apropiado.

El pacto de Fausto con Mefistófeles le garantizaba poder ilimitado durante 24 años, tras lo cual Lucifer reclamaría su vida y su alma, para atormentarlo por toda la eternidad, como una forma de aliviar un poco el dolor propio de estar en el Infierno (el Infierno aquí no es un lugar, sino un estado del alma: la ausencia de Dios).

Fausto, que al final de su vida se arrepiente de su pacto, trata de obtener el perdón de Dios, y cuando cuenta su triste situación a unos doctores amigos suyos, éstos se horrorizan y tratan de hacer algo para salvarlo.

Pero no hay nada que hacer. Ni los ruegos ni el arrepentimiento salvan a Fausto, que muere y es llevado a enfrentar su destino entre gritos y súplicas.

Epílogo

En ocasiones, después de la confrontación hay un epílogo o coda a modo de moraleja donde se señalan las consecuencias de jugar a ser dios y explorar los conocimientos prohibidos.

De forma a veces latente y a veces manifiesta, las historias sobre “el timador” son obras que tienen un mensaje moral, una advertencia acerca de los peligros del uso de la tecnología (o del conocimiento en general).

Variantes

Pero estos cuatro movimientos no tienen por qué aparecer en todos los relatos, ni tampoco es necesario que aparezcan en orden cronológico. Lo que es más, la estructura del timador puede fusionarse con la antes explorada estructura del descubrimiento, para arrojar resultados interesantes o novedosos.

La isla del Dr. Moreau de H. G. Wells es un buen ejemplo de estas combinaciones, pues aunque se trata de un relato con estructura del timador, buena parte de la obra consiste en narrar los movimientos de “descubrimiento” y “confirmación”, propios de la estructura del descubrimiento.

Conclusiones

Las estructuras hasta aquí revisadas son las más comunes pero no las únicas que se pueden encontrar al analizar las obras literarias de horror. Existen, sin duda, muchas obras con estructura única que no corresponden a las aquí revisadas, y que al no ser comunes, ni aparecer en más de una sola obra, no se han vuelto formulaicas.

¿Qué es “Hasta en los mares” (1935) de Lovecraft y H. Barlowe, sino un relato sui generis de horror cósmico? Se trata, estructuralmente, de una cronología que da cuenta de las distintas épocas de la Tierra hasta su extinción, y del relato de los momentos finales del último hombre en el planeta. En términos filosóficos, este cuento narra el paso del “mundo-por-nosotros” al “mundo-en-sí”, y hasta su culminación como “mundo-sin-nosotros” (ver más)(2). Pero también es un relato que fácilmente forma parte del género conocido como Tierra moribunda (dying earth), que se funda con la serie de relatos y novelas del ciclo Dying Earth (1950) de Jack Vance.

Obras como ésta, y cualquiera que no se ajuste a las estructuras típicas, merecen estudiarse caso por caso; sin duda los descubrimientos o experimentos de sus autores, nos permitirán nuevas permutaciones, con el fin de crear más y mejores obras, evitando caer en los clichés de toda la vida.

Notas: Para la elaboración de estos conceptos, me basé en las descripciones que proporciona Noël Carroll en su libro: The Philosophy of Horror or Paradoxes of the Heart. Routledge, New York & London. 1990.

(1) Hay más cosas en cielo y tierra, Horacio, que las que es capaz de soñar tu filosofía. Shakespeare, Hamlet (1.5.167-8).
(2) Ver: Eugene Thacker. In the Dust of this Planet. Zero Books, UK/USA. 2011. (Hay versión en español).

Ver: “Cómo escribir un cuento de terror I. El descubrimiento“.

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