The Dream-Quest of Vellitt Boe. Horror cósmico tibio (reseña)

Este pequeño libro de Kij Johnson no es tan bueno como me prometieron que sería (por ejemplo, aquí y aquí), ni tan bueno como la primera impresión que tuve de su obra. O la segunda.

vellitt-bookThe Dream-Quest of Vellitt Boe es una respuesta contemporánea a The Dream-Quest of Unknown Kadath, de Lovecraft. La idea básica era escribir una novela corta ubicada en el mismo mundo de los sueños de HPL, pero que además de una aventura emocionante, sirviera de comentario al (supuesto) racismo y la (pretendida) misoginia del autor.

La idea no es mala. La vertiene femenina (y feminista) del horror lovecraftiano ha arrojado resultados interesantes (por ejemplo, éste, éste, éste, éste y éste). Más aún: Poner a una mujer como protagonista en un cuento lovecraftiano siempre es atractivo. Hacerla tener observaciones (in character) sobre el machismo de Lovecraft (dirigidas hacia su personaje Randolph Carter, que aparece en la novela de Kij Johnson), a través de la pluma ágil y segura de nuestra autora, en teoría daría resultados, pero en la práctica, no deja de ser una disculpa de la propia autora, que parece sentirse culpable por gustarle Lovecraft, y un cúmulo de lugares comunes de la literatura feminista crítica (la exaltación de la súper mujer, mujeres liberadas, heroinas de avanzada edad), como si otro tipo de protagonistas femeninas restara al feminismo de la autora, pero como Elena Garro demuestra, sus mujeres desesperanzadas, pasivas, carentes de la capacidad de acción y autonomía, crean una obra feminista que, además, no resulta artificiosa ni panfletaria.

Y al parecer, a Kij Johnson se le olvidó que también quería comentar (según las entrevistas) algo sobre el racismo, porque esto no ocurre nunca.

Sobre el libro como obra literaria y de fantasía, tampoco hay muchas cosas buenas que se puedan decir:

1. Cuando llevas el 66% del texto, apenas comienzan las aventuras. Antes de eso, no hay ninguna escena emocionante o intrigante, sólo una mujer, Vellitt Boe, que decide de la forma menos justificada posible, emprender un viaje para buscar a una joven y buena estudiante, Clarie Jurat, quien de pronto ha decidido abandonar la escuela para irse con su novio. Durante 100 páginas, la vemos viajar por un mundo en el que no hay nada, que no parece ser el mismo que Lovecraft describió en su novela de Kadath. El único peligro al que se enfrenta, es recibir unos pequeños rasguños en el bosque. Y ya. Rasguños, no miento.

2. Los peligros a los que se enfrenta la protagonista comienzan después de dos terceras partes de lectura, pero jamás se sienten reales y el lector nunca se siente preocupado por ella, porque la autora siempre la rescata sin que la aventurera tenga que esforzarse. El colmo es cuando unos ghasts la encierran en una torre (en vez de matarla como mataron al ejército de ghouls que la acompañaban; antes, un pequeño grupo de soldados la acompañaron y todos fueron asesinados por unos pájaros shantaks, excepto ella, que logró escapar) y de esa torre de ghasts es rescatada por nada menos que un gug. Ajá, una de las criaturas más malévolas va a rescatar a nuestra heroina. ¡Qué tontería!

Vellitt se queja de que las mujeres sólo son notas al pie en la historia de los hombres, pero los personajes femeninos, y los aliados de Vellitt, sólo son notas al pie en la historia de ella. A sus aliados los ve como objetos, a los que puede usar y desechar cuando ya no le sirven, y esto queda claro cuando el gug que la salva en cada situación de peligro, se convierte en un automóvil cuando cruza hacia el mundo real. No en una bestia, no en un hombre, no en un ser vivo; en un carro.

La búsqueda de Vellitt está poco justificada (una alumna se escapa con el novio y ella decide ir a buscarla y traerla de vuelta). Pero las razones por las que los dioses, que son los verdaderos antagonistas de la aventurera, quieren frenar su misión, son incluso peores:

“Some wanted to cause mischief and ending her quest guaranteed this. Others hated the Old One that was Clarie Jurat’s grandfather, and sought to torment him by whatever means they might. For still others, she had herself become the goal; the gods could hate for no reason at all, and their malice had turned toward her”.

Libro malo.


Nota: Ah, yo sí pienso que Lovecraft era racista y misógino, como lo eran prácticamente todos los hombres de su época. Si eso suena a disculpa, quizá se deba a que eso precisamente es, una disculpa a Lovecraft por sus valores retrógradas que no demeritan el valor de su obra como literatura. Los mismos valores retrógradas (y otros distintos en su forma pero iguales en su contenido) están presentes en toda la literatura de la época y, peor aún, en casi toda la literatura actual, pero sólo el abuelo atrae ese nivel de crítica que, al ser así, parece exculpar a los demás.

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No ficción

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