Cómo escribir un cuento de terror I. El descubrimiento

No existe una fórmula para escribir un cuento, ni siquiera para escribir un cuento de terror o de horror (asumiendo que no es lo mismo). La literatura es tan variada y los temas, inagotables, que es prácticamente imposible definir unos pasos concretos y específicos para redactar un cuento de este género (o de cualquiera). Lo mismo es válido para una novela.

Sin embargo, si en vez de analizar el tema y la historia de los cuentos y novelas que componen el género, observamos su estructura, descubriremos que muchos de ellos se parecen bastante. Tanto se parecen que aunque leamos cuentos nuevos, muchas veces ya sabemos lo que va a suceder a continuación, aunque la historia en general nos parezca novedosa y original.

Al revisar estos cuentos y novelas, dos tipos o estructuras de cuento de terror sobresalen del conjunto: El descubrimiento y el timador.

El descubrimiento

Es sin duda la estructura narrativa más común en el relato de terror. En vez de pensar en un cuento de vampiros, de zombis o de mutantes del espacio, podemos pensarlo como un cuento donde se realicen los cuatro momentos o funciones de la estructura del descubrimiento, es decir:

  1. Ataque/Aparición
  2. Descubrimiento
  3. Confirmación
  4. Confrontación

Cada uno de estos momentos ayuda a situar la acción del relato en un momento dado, y a avanzar la trama hacia su resolución. Estos momentos están bien diferenciados y pueden reconocerse en multitud de obras literarias, y en los géneros del terror y el horror, son particularmente útiles.

Ataque/Aparición

En este momento, la presencia del monstruo queda establecida para el lector. Lo más común es el monstruo realizando sus primeros ataques o apariciones, o en su lugar, los efectos de su presencia. Son todas las manifestaciones del monstruo antes de ser descubierto. Puede desarrollarse a través de evidencias y pistas, o a través de la descripción de matanzas o eventos perturbadores de otro tipo.

Si el relato de terror se acerca al thriller, el lector sabe quién es el culpable desde el principio (el monstruo), incluso si los personajes no lo saben. Durante el resto del relato, los personajes intentarán descubrir y detener al monstruo. En la novela Eso (It) de Stephen King, desde el principio sabemos quién es el malo, pero no sabemos si los niños sobrevivirán y, sobre todo, si podrán detenerlo.

Si se plantea que el cuento esté más orientado al misterio, sólo veremos los efectos del ataque (muerte y destrucción, sin testigos), y la narración consistiría en averiguar (tanto el lector como el personaje) quién lo hizo, y en tratar de detenerlo.

En “El hombre de arena” de E. T. A. Hoffmann, este momento se da de dos maneras: 1. El personaje central, Nathanael, narra su primer encuentro durante la infancia con el hombre de arena, que en realidad era un alquimista llamado Coppelius, y al que acusa de asesinar a su padre; 2: Nathanael, adulto, narra cómo conoce a un hombre llamado Coppola, al que identifica como Coppelius, y a su hija, Olimpia, que ejerce una extraña influencia sobre él.

El momento del ataque/aparición plantea el problema de si los personajes descubrirán el origen de estas perturbaciones (destrucción, muerte, caos), y si identificarán la naturaleza de las mismas (el monstruo, sobrenatural o no).

Descubrimiento

La cuestión anterior queda resuelta en el segundo momento, el descubrimiento propiamente dicho. Se puede definir así: Cuando un monstruo llega (ataque/aparición), un personaje o grupo de personajes, descubre su existencia.

El descubrimiento puede ocurrir tomando a los personajes (o al lector) por sorpresa, o puede darse como parte de una investigación que emprende un personaje para descubrir la causa de los problemas del momento anterior.

En los casos más representativos, el descubrimiento de que un monstruo es el causante de lo que hemos visto en el momento de ataque/aparición, es realizado por un personaje o grupo de personajes que, cuando acuden a las autoridades para informar, éstas no lo creen y descartan la información recibida. Los grupos que podrían hacer frente a la amenaza, toman con escepticismo cualquier comunicación de la naturaleza sobrenatural o extraña de la causa de aquellos problemas.

La existencia del monstruo es innegable tanto para el lector como para uno o varios personajes, pero por distintas razones, esa existencia no es reconocida por las autoridades o la población en general.

Ante este escepticismo, los personajes tienen dos caminos: uno es reunir evidencias para demostrar la existencia del monstruo, o tratar de detenerlo ellos mismos. Existe una tercera opción, huir de la situación, pero en la mayoría de relatos donde esto ocurre, el monstruo se las arregla para ir detrás de ellos.

Confirmación

El proceso de reunir pruebas para demostrar la existencia del monstruo, se resume en el tercer momento, la confirmación.

Este momento tiene la función dentro del relato, de generar drama al aumentar el peligro que representa el monstruo. Mientras los personajes se dedican a reunir evidencias para convencer a quien necesiten convencer (autoridades, científicos, amigos en peligro a los que se trata de salvar) se pierde tiempo precioso, lo que provoca nuevos ataques de la criatura.

Durante la confirmación, gracias a los datos aportados por los investigadores, el lector aprende sobre la naturaleza del monstruo. Mientras que en el primer momento averigua la clase de acciones que es capaz de cometer (masacre y destrucción), aquí aprende sobre sus poderes, a qué es invulnerable o vulnerable, su poder o sus hábitos, y cualquier cosa que el autor decida incluir para asustar o sorprender a sus lectores.

Finalmente, el movimiento de confirmación permite mostrar que la hipótesis de que se trata de un monstruo, encaja mejor a la situación que otras hipótesis. Los asesinatos pudieron se causados por un asesino en serie, pero las marcas en el cuello, los síntomas de anemia y la desaparición de los cadáveres después de ser sepultados, encajan mejor con la teoría de que se trata de un vampiro.

Confrontación

Tras los esfuerzos por reunir evidencia y demostrar la existencia del monstruo, nuestros héroes, posiblemente la humanidad entera, está preparados para hacer frente a la amenaza y evitar incluso la extinción de la raza humana. Ahora que el grupo sabe sin lugar a dudas que se enfrentan a un vampiro, y han ubicado su escondrijo, pueden intentar capturarlo mientras descansa en su sarcófago y atravesarle el corazón con una estaca, para destruirlo e impedir que continúe creando vampiros que, a la larga, dominarían el mundo.

La confrontación puede llevarse a cabo durante varias escenas, que serían distintas en realidad confrontaciones, en cada una de ellas, el monstruo emerge victorioso, pero los personajes aprenden un poco más sobre él y pueden ir mejor preparados para el siguiente encuentro, o bien cada grupo o individuo que lo confronta, es destruido, hasta que llega una última oportunidad donde se juega el todo o nada, de la cual el héroe puede salir victorioso (en la mayoría de relatos ocurre así) o bien derrotado (una tendencia que ha crecido en las últimas décadas pero sigue siendo menor).

Algunas veces, el monstruo es derrotado pero consigue escapar, aunque esto es más una práctica del cine que de la literatura, pues este resultado abre la posibilidad de una continuación y hasta de una franquicia.

Variantes

Los cuatro momentos de la estructura de descubrimiento (ataque/aparición, descubrimiento, confirmación, confrontación) puedes combinarse al gusto o necesidad de cada autor y relato. Es posible que un relato muestre distintos momentos de ataque/aparición, que el monstruo sea descubierto por distintos personajes o grupos, que varias partes confirmen su existencia y que se realicen distintas confrontaciones con variados resultados.

Del mismo modo, no es indispensable que los cuatro momentos estén presentes en todos los relatos o novelas de terror. En “El maleficio de las runas” de M.R. James, no existe confirmación, pues de los momentos de ataque/aparición y descubrimiento se pasa al de confrontación sin mayor preámbulo. Una estructura de descubrimiento y confrontación puede ser observada en “El relato de Satampra Zeiros” de Clark Ashton Smith. En “El modelo de Pickman” de H.P. Lovecraft, nos encontramos con un relato que es puro descubrimiento (sin los otros tres momentos), pues se trata básicamente del recuento del narrador acerca de cómo supo de la existencia de un monstruo (ghoul); sin embargo, la mención de los retratos donde el narrador ve al monstruo por primera vez, aunque no tenga idea de qué se trata, podría ser una forma sutil de ataque/aparición, pues aunque los efectos de su existencia no terminaron en matanza, si se dejan ver en los cuadros y en la psique del artista que lo ha retratado. Si leemos “El valle de las arañas” de H.G. Wells, nos encontraremos con un relato que es pura confrontación, pues el cuento consiste en un grupo de personajes tratando de sobrevivir al encuentro con unas arañas.

Cuando los cuatro momentos están presentes en una narración (más frecuente en las novelas que en los cuentos, que suelen ir directo al grano o toman muy pocos desvíos), éstos se suceden en orden cronológico: 1. Ataque/Aparición; 2. Descubrimiento; 3. Confirmación; 4. Confrontación. En “El tapiz amarillo“, de Charlotte Perkins Gilman, pordemos ver los cuatro momentos: 1. La protagonista anónima observa un tapiz de dibujo extraño que le causa malestar; 2.  La protagonista descubre que detrás del dibujo, hay una mujer fantasmal; 3. El marido de la protagonista descarta la posibilidad de una experiencia sobrenatural y asegura que se trata de una crisis histérica de su esposa; 4. La protagonista es suplantada por la mujer del papel, aunque una interpretación más realista y menos fantástica es que la pobre sencillamente se ha vuelto loca; de cualquier modo, el relato es aterrador.

Cuando uno o más de estos momentos son sustraídos del relato, los restantes conservan el orden cronológico correspondiente. Este orden estructural sigue la lógica de que para ser descubierto (2), un monstruo debe en primer lugar existir (1), para confirmar (3) su existencia, alguien debe haberlo descubierto antes (2), y para confrontarlo (4), es necesario que se haya reconocido su existencia (3).

Incluso si algunos momentos no son considerados en el relato, para descubrir la presencia de un monstruo, confirmar su existencia o confrontarlo, es necesario que éste exista en primer lugar.

Pero esto no quiere decir que un relato deba necesariamente ser narrado en orden cronológico (de 1 a 4), pues es perfectamente posible que un cuento comience in media res, es decir a la mitad de la acción, y después, a través de irrupciones del tiempo (flashback y flashforward), se narren los acontecimientos previos o posteriores.

¿Será posible romper esta lógica y crear un relato con los momentos ocurriendo en un orden distinto, y que siga siendo coherente? En el cuento “Larvas” intenté hacerlo, invirtiendo el orden en que ocurren los cuatro momentos. No estoy seguro de que el resultado haya sido satisfactorio en el sentido que deseaba, pero el efecto obtenido es sin duda interesante. Pero que sean los lectores quienes tengan la última palabra.

¿Y el monstruo?

Todo cuento de terror/horror que se dé a respetar, necesita un buen monstruo. Aquí podrás ver cómo crear el tuyo. Ponlo dentro de tu estructura de descubrimiento o alguna de sus variantes, y comparte tus horripilantes creaciones con el mundo (en los comentarios de este artículo). O puedes ver varios ejemplos en mi libro El país de noviembre, para Kindle.

 

No te pierdas la segunda parte de este artículo, donde revisaremos la estructura de El timador.

Nota: Para la elaboración de estos conceptos, me basé en las descripciones que proporciona Noël Carroll en su libro: The Philosophy of Horror or Paradoxes of the Heart. Routledge, New York & London. 1990.

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