Ascensor

Por fin es viernes, pensé al llegar al edificio donde trabajo, mientras esperaba el ascensor. Al llegar, un hombre ridículamente gordo me obstruyó el paso, y al ser obvio que no iba a entrar, tuve que rodearlo. Casi se me iba el ascensor, pero logré colarme. En el interior, estaba oscuro, ya la estructura no era la que yo conocía de memoria después de dos años usándolo. No estaba en el ascensor. Estaba en el techo del ascensor. Cuando quise salir, la puerta ya se había cerrado y el ascensor comenzó a subir. El techo del edificio estaba cada vez más cerca, el ascensor y el techo iban a triturarme. Voy a morir, pensé con resignación. ¿Qué puedo hacer? No puedo hacer nada. Voy a morir ahora, es mi turno. Mi cuerpo comenzó a ser aplastado por la estructura y grité no de dolor sino de tristeza, más un quejido que un grito. Y desperté en el mismo vagón de metro al que había subido menos de treinta minutos antes para ir a trabajar. Era lunes.

(Inspirado en una historia verdadera).

Foto robada vilmente
Robada de: www.stfoto.nl
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Ficción

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