En el bosque, bajo los cerezos en flor (reseña)

En el bosque, bajo los cerezos en flor, del japonés Ango Sakaguchi, reúne 3 cuentos de corte macabro, con una atmósfera imperante de erotismo grotesco (ero-guro), en los que encontramos dos constantes: la perversidad y la fatalidad.

Aunque se considera que este libro pertenece al género de terror, ninguna de las historias es particularmente aterradora. El ambiente malsano y macabro de los relatos se acerca más al retrato de la decadencia de una sociedad que de tan antigua, ya no reconoce sus propias raíces. Esto queda simbolizado con claridad en el cuento que da título a la colección. “En el bosque, bajo los cerezos en flor”, usa un elemento asociado con la pureza y la belleza, el cerezo en flor, y lo convierte en el escenario de una serie de asesinatos brutales (ilustrado en la cubierta del libro, con arte de Takato Yamamoto).

Pero también los otros dos relatos, “La princesa Yonaga y Mimio” y “El gran consejero Murasaki” sirven de crítica hacia la cultura japonesa, el primero al retratar a la nobleza, a través de la desquiciada princesa, como un montón de degenerados y asesinos, y el otro, a evidenciar que la burocracia, representada por el gran consejero, se conforma de seres infames y desagradables, que no sirven sino para hacer daño y destruir todo lo hermoso que existe en este mundo… o en otros.

La prosa de Sakaguchi es elegante y exacta, con notables reminiscencias al decadentismo de fin de siglo, especialmente por el tono poético y simbólico que imprime a cada una de las narraciones. Esa influencia modernista, lleva al autor a escribir estos cuentos con una voz que hace eco del pasado, de hecho ninguno de ellos se ubica en el presente sino en épocas anteriores; sin embargo, el estilo y el mensaje (no moral, sino en su sentido lingüístico) son absolutamente modernos.

Este tono permite que cada cuento tenga múltiples lecturas e interpretaciones, y que cada lector descubra en ellos algo distinto. La lectura sociopolítica sólo es una de las muchas que pueden hacerse, en tanto que no se tratan de ficciones propagandísticas ni tienen una postura clara o evidente (diríamos moralista) frente a la vida política actual.

Otra interpretación que se desprende, es el papel de la fortuna y la fatalidad en la vida de las personas, al cruzarse sus caminos con los de otros, en particular en lo que se refiere al amor entre hombres y mujeres. Los tres relatos muestran su conflicto cuando la vida de un hombre se cruza con la vida de una mujer y se fuerza en ambos una relación cercana (lo que no es lo mismo que decir amorosa). En “En el bosque…”, tenemos a un hombre malo y estúpido que obedece las órdenes perversas de una mujer malvada, provocando una serie de asesinatos que culmina en el horror. En “La princesa…”, un hombre bueno, pero también algo estúpido, es víctima de las obsesiones de esta mala mujer, que lo usa para sembrar la muerte y el terror. “El gran consejero…”, por su lado, no es más que un violador que, al cruzarse con una mujer pura y hermosa (en su sentido más elevado), es incapaz de controlar sus impulsos (¿el ser humano no es más que un animal lujurioso y estúpido?), provocando la catástrofe.

Se trata de un libro desconcertante, elaborado por un escritor que conoce su oficio y lo aprovecha para obsequiarnos (más bien para vendernos) tres relatos bellos en la expresión e inquietantes en el contenido.

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No ficción

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