Recupera la pasión por escribir

Llega un momento en que todo escritor, sea cual sea su proceso creativo, comienza a sentirse menos interesado en escribir que en otras actividades. Aunque esto no malo pues, como dijo Rimbaud: “la vida está en otra parte”.

No obstante, es más que probable que sientas el deseo de recuperar ese gusto por la escritura, que anheles volver a sentarte frente a la hoja, la máquina o la computadora, y redactar un nuevo cuento. Pero ese sentimiento simplemente no está ahí. Y ver la hoja en blanco, vacía, puede ser causa de gran angustia.

Si quieres recuperarlo, prueba con lo siguiente:

Investiga

A veces, cuando no tenemos deseos de escribir se debe a que no tenemos nada que decir. Las ideas, los cuentos y las novelas no nacen de la nada, por generación espontánea, aunque a veces se sienta que es así.

Si en tu proceso creativo te sientes fundido, quizá signifique que has agotado toda tu reserva de buenas ideas y necesitas conseguir más. Pero no van a llegar si te quedas esperando, las musas tienden a ser muy negligentes en ese sentido. Por el contrario, te toca ir a buscarlas. ¿Dónde? Eso es lo mejor todo: ¡No importa dónde!

En la universidad nos enseñan a seguir un proceso más o menos lineal para realizar una investigación, donde lo más importante es tener un objeto de estudio al cual investigar. Eso puede ser muy útil cuando necesitas conocer un tema a fondo.

Tienes que saber de lo que habla para poder hablar de ello. Si planeas una historia sobre piratas, necesitas investigar sobre términos marítimos y el contexto histórico apropiado. La única forma de hacerlo es leer, escuchar, buscar, observar y pensar.

Pero si de lo que se trata es de recuperar el amor por el oficio de escritor, las opciones para llevar a cabo tu investigación son infinitas. Lee, escucha, busca, observa y piensa sin importar el qué.

  • Toma un libro de ciencia o filosofía que no hayas leído.
  • Escucha lo que dice la gente en la calle o por la radio.
  • Busca entre los artículos de los vendedores de chácharas hasta que encuentres algo interesante (una pieza de joyería antigua, una herramienta de uso desconocido; lo que encuentres será valioso).
  • Observa el paisaje citadino, la forma de vestirse o moverse de las personas, la fauna de tu barrio, la forma de las nubes, los colores del cielo. Mira películas extranjeras de directores desconocidos, mira documentales sobre la guerra, sobre construcción, sobre la fabricación de ventiladores.
  • Piensa cómo puedes construir una historia a partir de lo anterior.

Vive

Unos tacos perfectos, una cerveza helada en La Esperanza, una caminata por el cerro, una plática con un amigo entrañable, una pelea con tu familia, un recorrido por las librerías de viejo, una viaje fuera de tu ciudad. Todas estas vivencias, y cualquiera que tú implementes, forman parte de la experiencia de tu vida.

Esa experiencia se trasladará a tu obra (estética, científica o filosófica), pero antes de eso, es esa misma experiencia la que tiene el potencial de interesarte en escribir de nuevo.

Sin vida, no hay obra.

¿Cómo ansiar la hoja en blanco otra vez?

RimbaudAntes dije que la hoja en blanco era causa de angustia. Pero eso no es verdad. No siempre. No necesariamente.

La hoja en blanco es un objeto inerte que requiere de sacrificios, compromiso e integridad día a día para cobrar vida. No se trata de convertirla en un objeto de veneración. No es necesario convertir el oficio del escritor en algo sagrado. Basta con volverlo algo importante para quien lo realiza.

Al escribir, es probable que falles más veces de las que tengas éxito, pero vale la pena el esfuerzo, pues estos logros son también la recompensa. Así es como volverás a sentir la pasión por tu arte, a través de un compromiso simple de practicarlo todos los días.

O tal vez no sea así. Tal vez ya no quieras escribir sino dedicarte a dibujar, o a leer, o a explorar el ártico, o a viajar por el país sin un centavo en la bolsa, o a entrenar al equipo infantil de basquetbol de la escuela de tu barrio. Adelante, hazlo.

Dejar de escribir no es tan grave. El más grande poeta que ha conocido la humanidad, abandonó la poesía a los 19 años y se convirtió en vagabundo, en soldado, en aventurero y en traficante. Tal vez para ti, también, la vida está en otra parte. Y sí, a veces pesan más ocho kilos de lingotes que ocho kilos de poesía.

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No ficción

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