802

Esta ilustración de la Jugend magazine (alrededor de 1900), sugirió la escritura de este breve relato.
Esta ilustración de la Jugend magazine (hacia 1900), sugirió la escritura de este relato.

El hechizo funcionó. El círculo de Cavendish se oscureció, lo que había sido una marca de gis era ahora un hoyo oscuro en el tejido de la realidad. De él emergió un ser semejante a un pez o a un murciélago, 802 no podía decidirse. Los dibujos en el grimorio habían representado a este demonio con las formas más disímiles: un mandril alado, un elefante con piernas de caballo, un dromedario con bocas en la giba. Un demonio capaz de engañar a la muerte, no tendría el menor problema o reparo en engañar los sentidos de sus invocadores.

802 aún tenía en las manos los dos gallos negros sacrificados para realizar la llamada; la sangre vertida sobre el círculo de Cavendish se había evaporado en una nube oscura, seguida por la aparición del demonio. El nigromante miró en dirección del agujero que daba al infierno, tratando de sobreponerse al terror. El demonio emitió un sonido que no era del todo un aullido, ni un grito, ni tampoco el rechinido de una máquina sin aceitar; esos sonidos sólo eran la forma en que el cerebro de 802 trataban de dar sentido a lo que escuchaba.

Gracias a los tratados medievales que había leído, supo que había logrado engañar a la muerte y sería capaz de devolverle la vida a los muertos. Los cadáveres que tenía en sus manos comenzaron a aletear y moverse inquietos, cantando, si a esa parodia de cacareo se le podía llamar canto. 802 los liberó y los gallos, indiferentes a todo, corretearon de un lado a otro, revolviendo papeles y derramando el contenido de los frascos que llenaban la mazmorra donde siempre realizaba sus experimentos.

Al principio, había considerado devolver la vida a su madre, pero decidió que cuidar a una anciana sin cabeza sería muy problemático. Después pensó en resucitar a su esposa, pero al estar encadenada en el fondo de un lago, se ahogaría de nuevo en sólo unos instantes. Dejó de preocuparse por eso y pensó que, una vez logrado el éxito, ya se le ocurriría a quién traer de vuelta al mundo de los vivos, pero su falta de imaginación lo dejó mudo cuando la criatura chtónica le preguntó a quién debería revivir. Al no obtener respuesta, los beneficiarios del hechizo serían los cadáveres más cercanos al centro de poder.

El demonio regresó a su mundo, satisfecho por haber obtenido una nueva alma para su colección, sin importarle que no pudiera reclamarla antes de la muerte del invocador, pero como el tiempo corre distinto en el infierno, había aprendido a ser paciente.

802 persiguió a los gallos por todo el lugar. Cuando logró atraparlos, irritado por cómo habían resultado las cosas, les arrancó el pescuezo. Pero ni así dejaron de causar alboroto.

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