En defensa de ‘sólo’, con acento

‘Sólo’ con acento o ‘solo’ sin acento (o tilde, si así prefieren llamarlo), es una alternativa no siempre clara y que ha llevado a un apasionado enfrentamiento entre los entusiastas/enemigos de una y otra forma de escribir la misma palabra.

Amigos

Los amigos del uso del acento en esta palabra, se apoyan en un argumento lógico: la regla del acento diacrítico que dice, más o menos: distinguir voces homógrafas, o sea que tienen la misma grafía pero distinto oficio gramatical. El acento es útil, por ejemplo, para diferenciar ‘té’ (la bebida) de te (el pronombre).

Estos entusiastas de ‘sólo’ (solamente) justifican su uso apoyándose en que evita una posible ambigüedad con ‘solo’ (de soledad, solitario), pero es bien cierto que tales ambigüedades se evitan por sí mismas dado el contexto, y que sería muy raro, hasta rebuscado, pero posible, incluso probable, que ni con el contexto se puedan diferenciar una de otra. Pero esa mera posibilidad antes ellos justifica su uso.

Enemigos

Los detractores dicen, con justa razón, que esa regla se aplica solamente cuando en la cadena hablada uno de los vocablos es tónico y el otro, átono. El acento recae en el vocablo tónico. Por ejemplo: “A él le gusta vivir en el campo”. Si lo leemos con entonación, notamos que en el primer ‘él’ (pronombre), el vocablo es tónico, y en el segundo (artículo), átono. Para evitar la ambigüedad, al primero, que es tónico, se le pone un acento.

Éstos recomiendan que si uno no quiere caer en la ambigüedad entre ‘sólo’ y ‘solo’, elija otra palabra, como ‘solamente’ o ‘únicamente’. Pero esto, viniendo de las mismas personas que suelen recomendar que no se usen adverbios terminados en ‘-mente’, no es más que una salida fácil, cuando no una hipocresía.

Bien, hasta aquí está claro. Sin embargo, jamás nos vamos a encontrar con que se puede escribir el pronombre ‘él’ sin acento, aunque no exista ningún artículo ‘el’ que pueda causar ambivalencia de sentido. Es del todo comprensible la oración: “A el le gusta vivir en la ciudad”, no hay posible ambigüedad, pero a todas luces la palabra ‘el’ está mal escrita. La palabra correcta es ‘él’, y no es necesario conocer las reglas del acento diacrítico y los vocablos tónico y atonal para saberlo, es suficiente con saber que el pronombre personal ‘él’, lleva acento.

En resumen

(A) Una palabra no puede cambiar su grafía sin importar la posibilidad de ambigüedad. Con o sin esta posibilidad, el pronombre ‘él’ se escribe siempre de la misma forma. Entonces, ya que sí existe la posibilidad de ambigüedad, aunque muy remota, entre ‘sólo’ y ‘solo’, la palabra ‘sólo’ debe escribirse siempre de la misma forma.

(B) Haciendo caso a la regla de vocablos tónicos y atonales, en ambas acepciones la palabra debe escribirse siempre, invariablemente, sin acento. Sin embargo, el tema de la entonación es arbitrario, nada impide que palabras como ‘ésta’ y ‘esta’ se pronuncien de la misma forma, o sea: con la primera sílaba, tónica. La entonación no es natural, sino cultural. El oído no entrenado (o sea, el de casi el 100% de las personas) no lo distinguirá y lo pronunciara exactamente igual; incluso, a veces se le dará entonación tónica a una sílaba atonal, si el hablante desea dar énfasis, crear ritmo, o por cualquier otra razón.

(C) Ya que las reglas del acento diacrítico tampoco son naturales, es decir que no existen ‘en sí’, no tienen ninguna vinculación natural con la realidad, sino que son formulaciones construidas culturalmente o, más bien, académicamente, no pueden tomarse tampoco como argumento de verdad. Pero si no disponemos de unas reglas más o menos universales, el lenguaje se volvería una confusión y la comunicación, imposible. Ante esto podemos (1) aceptar esas reglas para, desde ellas, mediar el uso de las palabras, o (2) concebir las palabras como signos que representan un significado, sin tener que crear reglas más complejas.

El signo ‘sólo’ es diferente al signo ‘solo’, no nada más por su grafía, sino también porque el significado al que hace referencia cada uno de ellos, es distinto. ‘Sólo’ es el signo que se usa para hablar de algo ‘solamente’, ‘únicamente’, ‘precisamente’. ‘Solo’ es el signo que expresa ‘soledad’, ‘sin compañía’, ‘único en su especie’. ¿No sería buena idea elegir una palabra para representar cada uno de estos significados? Así como para hablar de un ‘ser peludo a cuatro patas que ladra’ se usa ‘perro’, mientras que para un ‘ser peludo a cuatro patas que maúlla’ se usa ‘gato’. Ambos podrían llamarse ‘mascota’, ‘animal’, ‘animal familiar’, ‘amigo peludo’, pero entonces existiría una confusión a la hora de distinguir entre ambos.

El signo también es arbitrario

Elegir cualquiera de las alternativas para decidir si uno apuesta por poner el acento o quitarlo, es igualmente arbitrario. Para decirlo en términos nihilistas, le pongas acento o no, eso no cambiará el hecho de que te vas a morir, de que la humanidad se extinguirá, de que el universo seguirá allí como si no hubiera importado la existencia humana (y, de hecho, no importa).

Si uno desea evitar la desesperación y la caída en un nihilismo pasivo y fatalista, puede optar por escribir la palabra como mejor le venga en gana; si además uno puede justificar por qué la usa de un modo u otro (yo elijo usarla con acento; sin acento, al ver las razones, se cae peligrosamente cerca de la ultracorrección, la zona de las palabras rebuscadas), tanto mejor. Uno podrá, así, afirmar que escribe la palabra de la forma correcta.

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