Miedo, asco y horror cósmico: The damned highway (reseña)

The Damned HighwayUn día, cuando las estrellas sean propicias, el Gran Cthulhu despertará en su lecho submarino y gobernará el mundo. Su imagen y su nombre estarán presentes en cada hogar, en cada pensamiento. Y ese día está muy cerca. Los signos son claros, su presencia es cada día más común, ha sido absorbido por la cultura popular. La cantidad de canciones y antologías de cuentos inspirados en los Cthulhu Mythos* es abrumadora. Hay referencias a Lovecraft y sus pseudodeidades en algunos capítulos de South Park, en el especial de Halloween de la temporada 24 de Los Simpson, en la serie de TV True Detective, en los discos de Rotting Christ, en la película Spring. ¡Es demasiado! Y sin contar los innumerables pastiches, sátiras y versiones paródicas.

Si existe un cómic que une a Lovecraft y Tesla, no es de extrañar que a alguien se le haya ocurrido combinar el universo lovecraftiano con el periodismo gonzo de Hunter S. Thompson, en una novela llamada The Damned Highway: Fear and loathing in Arkham. Los responsables de este horror son Brian Keene y Nick Mamatas, que han sido nominados varias veces a los premios Bram Stocker, World Fantasy y Hugo, y, sí, ese libro, es mejor de lo esperado. Mucho mejor.

Con una prosa ágil que se acerca al estilo de Thompson, nos cuenta una historia de investigación, en la que el protagonista, nada menos que el mismo de Miedo y asco en Las Vegas, de Thompson, aunque usando un pseudónimo diferente, Lono, decide buscar en la geografía del sur de los Estados Unidos, ya no el sueño americano, sino la pesadilla americana, representada por Cthulhu y Richard Nixon.

Cuando se combinan dos temas tan dispares, como el horror cósmico y el periodismo político, es muy probable que el resultado sea desastroso, pero es evidente que Mamatas y Keene han puesto mucho cerebro en esta obra, pues no sólo se deja leer, sino que es un muy buen libro de sátira política que se atreve a señalar algunos aspectos poco amables de Nixon, Kennedy y Hoover, así como de la cultura hippie y posthippie estadounidense, y para hacerlo, recurre a las metáforas lovecraftianas del espacio-tiempo, de geometrías no euclidianas, de cultos innombrables.

Periodismo Gonzo
Periodismo gonzo

El lenguaje ágil y coloquial de Thompson, opuesto al lenguaje culto y rebuscado de Lovecraft, impiden que la obra se vuelva una novela densa de horror filosófico, convirtiéndola en su lugar en una hilarante aventura de drogas y sureños de seis dedos, insultos y obscenidades, un tratado sobre el american way of life visto desde una lente sin filtros para embellecerlo, un retrato de cómo ha sido la nación más poderosa del mundo después de la guerra fría.

La obra no tiene grandes defectos, la mayoría de ellos es el uso repetitivo de algunas palabras o expresiones. El protagonista que sabe que va a meterse en problemas y que, aun así, siempre deja su arma en el mueble del hotel donde se hospeda cuando va a reunirse con los matones del pueblo en turno, no es precisamente un defecto, no si consideramos que el protagonista es un imbécil que actúa bajo los efectos de un malviaje de hongos (de Yuggoth, faltaba más). Pero así era el personaje original de Thompson.

Lo único que no me ha convencido del todo es el final, que rompe con el sentido lúdico de la novela y se vuelve algo triste, pero no demasiado triste para causar un impacto profundo en la psique del lector, lo que hubiera sido un toque de genio (como el final de Underground, de Emir Kusturica, que tras dos horas de humor, presenta una de las escenas más brutales del cine, convirtiendo una buena película en una película sobresaliente -en lo personal, mi favorita). Eso no quiere decir que el final no sea coherente con la historia que nos cuentan Keene y Mamatas, pues sí lo es, y consigue dar un cierre más o menos satisfactorio a la novela.

The Damned Highway no es un libro para todos, ni siquiera es un libro para todos los admiradores de Lovecraft ni, aunque no sé si los hay, de Thompson. Es un libro para quien no tenga prejuicios y quiera leer algo divertido, con un toque político y ligeramente experimental (por ejemplo, las escenas de transferencia cerebral, usando tecnología Mi-go, son contadas con una prosa desarticulada, pero todavía inteligibles). Ustedes deciden.

(*) Fue August Derleth quien los bautizó así. Lovecraft nunca intentó darle una coherencia interna a su cosmología ficticia.

Brian Keene and Nick Mamatas. The Damned Highway: Fear and loathing in Arkham. Dark Horse, USA, 2011.

Cómpralo en papel o en digital.

At the mountains of madness
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