Matango

Los brotes proliferaban en la niebla, la humedad les resultaba propicia. El bosque estaba infestado de esas… cosas. Cosas fúngicas de formas grotescas, semejantes a animales. Cualquiera pensaría que estoy loco. ¡Diablos! Yo mismo lo pensaría si no fuera porque sé bien lo que vi, y no me arrepiento de lo que hice.

Ya he contado la historia varias veces, no sé qué esperan encontrar, pero aquí va:

Como ya saben, formaba parte de una misión de recolección de flora exoplanetaria. Éramos tres personas. Hasta ese momento, las muestras que habíamos recolectado no presentaban grandes diferencias con la flora terrestre. Por lo que pudieron deducir los doctores, tampoco este último hallazgo era muy diferente en su ciclo de vida al de ciertas especies indígenas, aunque había divergencias notables.

Encontramos un bosque… Sí, Plutón… Sí, como parte del proyecto de colonización… Un bosque, nada fuera de lo normal. Pero sólo al principio. Muy pronto nos dimos cuenta de que había algo diferente. Conforme nos adentrábamos, había más árboles muertos, medio escondidos entre los vivos. La doctora T— pensó que podría ser alguna clase de infección, y al revisar los troncos, encontró que estaban huecos. ¡Algo se los había comido por dentro!

Nuestro experto en micología, el doctor P—, confirmó tales suposiciones. Nos señaló los indicios más claros y ya era innegable: Los árboles habían sido devorados desde las entrañas por alguna clase de hongo.

Así que ese hongo era lo que estábamos buscando ahí, ahora lo sabíamos. Nos pusimos en marcha, analizando todos los brotes y musgos que encontrábamos en nuestro camino, pero ninguno parecía ser nuestro hongo devorador de madera.

Según el sistema de mapeo, habíamos alcanzado aproximadamente el centro del bosque cuando al paisaje cambió por completo. De una floresta moribunda, pasó a convertirse en un cementerio. Sí, todos los árboles ahí estaban muertos, pero no sólo los árboles.

Había una especie de bruma con un alto contenido de humedad, que era propicia para toda clase de hongos. Éstos brotaban aquí y allá, casi sin dejar espacio libre. Bolas negras, grises y moradas que parecían tumores. Había formas extrañas, parecidas a animales, pero eran cosas fúngicas. P— lo confirmó. Eran hongos con formas animales, de los que brotaban nuevos hongos. Eso dijeron los doctores pero yo no me lo creía, aunque en mi experiencia he aprendido que es mejor nunca contradecir a un científico. Pero eso explicaría a dónde habían ido los animales que algunos colonos habían reportado como desaparecidos.

Los doctores P— y T— analizaron de cerca los especímenes. Yo me quedé al margen de sus indagaciones. ¿Por qué? Porque yo no soy experto ni me interesa mucho la biología, yo no soy científico, soy un soldado. Mi trabajo es eliminar cualquier amenaza y preservar la vida de mis protegidos… Sí, bueno, a eso mismo voy.

Supongo que habrán aspirado las esporas, no se me ocurre otra forma en que pudieran adquirir la infección. Al principio, no sucedió nada anormal, pero después de unas horas de tomar muestras, ambos doctores comenzaron a comportarse de forma extraña. Se quitaron las máscaras y comenzaron a inhalar los gases que emitían los hongos. Traté de detenerlos pero ellos echaron a correr por el mismo camino que habíamos tomado antes, y fui tras ellos.

Cuando los encontré, ya no eran humanos. Sí, tenían forma más o menos humana, pero había brotes. P— tenía un racimo entre gris y violeta colgándole de un ojo; parecían uvas, pero como si las uvas fueran una enfermedad. La cabeza de T— era un hervidero negro. Lo más siniestro era que cada grumo era una réplica en miniatura del rostro de los doctores.

Matango
Matango

No, no estaban muertos. Ya se los he dicho mil veces: Estaban vivos, pero infectados por esas cosas, y ya no eran ellos mismos. Aunque tenía miedo o, más bien, me sentía desconcertado, tenía que actuar. Las balas no iban a servir de nada, tuve que usar el lanzallamas. Ellos se golpeaban las cabezas con los puños, luego se quedaron en silencio hasta consumirse.

Los hongos crecían adentro de sus cabezas, creo que por eso actuaron así, como si los controlaran y les hubieran ordenado hacer lo necesario para seguir reproduciéndose. ¿No lo entienden? Trataron de llegar a la Tierra, de infectar a toda la humanidad. Yo no quería un mundo dominado por esas cosas, así que hice lo necesario, ése era mi trabajo, aunque tuviera pocas posibilidades de éxito. Poco después, fui capturado y traído aquí.

Ahora, por favor, si van a meterme unas de esas esporas y enviarme de regreso a mi mundo, háganlo de una vez. Entre más pronto terminemos con esto, más pronto dejarán de brotar pensamientos funestos en mi cabeza.


“Matango” y otros brotes forman El país de noviembre, ya disponible.

Anuncios

About the post

Ficción

¿Qué te pareció esta publicación? ¡Cuéntame!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: