Waiting for the man

—…pero Tod Browning, ¿no dirigió El hombre lobo o algo así? Llevábamos tres horas en el auto. No había duda de que la casa estuviera vacía. El aburrimiento nos llevó a hablar de cine. El nombre de Tod Browning surgió de quién sabe dónde, y nos molestaba demasiado no poder recordar cuál era su película …

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Ese recuerdo inolvidable

Fue a los siete u ocho años. Mi tía estaba desnuda y mientras se ponía las medias, más bien las pantimedias, de ésas que tienen nombre de personaje de Oscar Wilde, sentí que algo se movió entre mis piernas. Ella me miró, se dio cuenta de todo, pero evitó que me llenara de vergüenza con …

El hijo

Es un doloroso día de invierno en Innsmouth, con todo el frío, el sol pálido y la brutalidad de la estación que pende sobre el cielo como una maldición. A la amenaza de la naturaleza hay que sumarle la de la incomprensión innata del hombre, condenado a vivir en la ignorancia. El padre se siente …

De cómo me robé el cuervo de Poe, y lo que pasó después

Homenaje en miniatura a Ray Bradbury Me hallaba en La Habana disfrutando de mis vacaciones. En realidad, sufriéndolas: el calor era terrible y viscoso, y el aeropuerto perdió una de mis maletas. Además, me enteré que Shelley Capon también estaba de visita en Cuba; sólo me faltaba toparme con él para declarar éstas como las …

La caricia

Al final de la guerra, la Princesa se quedó esperando el regreso del Caballero, pero éste no volvió con el resto de los guerreros. La guerra había sido sangrienta, muchas ciudades fueron arrasadas por las hordas enemigas y en su corazón se formó la triste idea de que de que el Caballero habría muerto en …

Black Metal Negro

Grande Malenfant, a veces llamado Taureau-trois-graines, era un loa poco conocido, al que rara vez se le pedían favores o se le dedicaban ofrendas. Le gustaban la música, el escándalo, el licor barato—"no hay licor demasiado barato", decía—y las peleas clandestinas de gallos, de perros y de obreros. Cuando era invocado y se manifestaba a …

La niebla

Una espesa niebla, blanca y húmeda, se posó sobre la hacienda Jeremías. Así, sin más, una noche como cualquier otra, aunque no como ninguna noche que Benjamín Jeremías recordara en su no tan larga vida, el terreno que rodeaba su casa se vio envuelto en una fría blancura que le impedía ver más allá de …