9 formas de enfrentar el bloqueo del escritor

Tarde o temprano, todo artista o creador debe enfrentar un bloqueo creativo que le impide producir una obra, sin importar que realmente tenga deseos de trabajar o, incluso, que esté lleno de ideas interesantes.

El bloqueo del escritor es tan maligno que, aunque uno tenga plena disposición para escribir, y sepa lo que quiere escribir, sencillamente no se puede. Es como si las ideas no pudieran convertirse en palabras, y las palabras en imágenes evocadoras o en una buena historia.

Y todavía no han inventado una medicina para esto. Por suerte, hay varias formas de enfrentar la situación y darle un impulso a la creatividad.

Ponte límites

Aunque parezca irónico o absurdo, los límites a veces nos liberan. Muchas veces, el escritor que hay en nosotros tiene mil ideas al mismo tiempo y montones de recursos disponibles, y queremos usar todo a la vez, para crear el relato más elaborado y perfecto. Sin embargo, la mayor parte de las veces que queremos poner en práctica todas esas cosas, el resultado no es satisfactorio, muchas veces incluso es tan malo que terminamos por borrar de la memoria el nuevo documento (o haciendo una bola la hoja de papel y echándola al cesto de basura -aun en el futuro sigue siendo más sexi escribir a máquina o con pluma que en computadora).

Un ejemplo famoso fue cuando Benjamín Wong, director de El Sol de México, retó a Juan José Arreola a escribir una nota diaria para su periódico. Al tener como límites el tiempo (una nota al día), el medio (periódico) y el género (nota en vez de cuento), Arreola se vio forzado a exprimir su creatividad a tal punto que, aunque el estilo resultante fue extraño frente al resto de su obra, estas colaboraciones fueron reunidas en el libro Inventario, que se ha vuelto indispensable para el lector del jalisciense.

Puedes probar a participar en convocatorias de cuentos con un tema específico en vez de tema libre. Puedes abrir el diccionario en tres páginas al azar y escribir un texto de ciertas dimensiones (máximo 500 palabras, digamos), y usando las primera palabra en cada una de las tres páginas. En fin, trata de limitar tu trabajo de alguna manera y verás como tu cerebro comienza a crear soluciones para terminar tu proyecto dentro de los parámetros que has establecido.

Pregunta a alguien qué le gustaría leer

Si nadie viene a retarte a que hagas esto o aquello, pide a alguien que lo haga: “Mamá, quiero escribir un cuento de miedo, ¿qué te gustaría que hiciera?” “Ah, pues podría ser una fiesta de cumpleaños y el payaso resulta que es un asesino”. Sí, no parece muy original, ni tampoco muy interesante. Pero es una gran idea que aun así, lo intentes. ¿Qué es lo peor que puede pasar? En el mejor de los casos, terminar por escribir un gran cuento, totalmente inesperado.

Te sugiero que no le preguntes esto a otros escritores, porque lo más probable es que no escuchen bien y entiendan esto: “¿Qué te gustaría escribir?” En cambio, personas más sensatas, pueden darnos ideas completamente inesperadas y que, si las realizamos, atraigan su interés en leer más.

Si te han dado una idea para que la desarrolles, tal vez te interese abordarla usando este método de escritura.

Reconceptualiza el tema

En lugar de enfrentar la hoja en blanco de forma lineal, analiza las posibilidades desde distintos ángulos antes de poner manos a la obra.

Por ejemplo, si quieres escribir “un cuento de terror”, en vez de quedarte frente a la página contemplando al vacío por no saber cómo hacerlo, modifica la idea. En lugar de pensar en “¿qué puedo escribir para asustar a las personas?” piensa en “¿a qué le temen las personas?” Aunque es parecido, al cambiar la perspectiva del yo al ellos, tenemos un buen punto de arranque.

En lugar de esforzarte en escribir un cuento aterrador, piensa que a las personas les dan miedos montones de cosas cotidianas, como los autos a gran velocidad, los túneles del metro y los perros. No escribas un cuento de terror, escribe un cuento donde alguien enfrenta algo que le daría miedo a muchas personas: Un hombre viaja en el metro, que corre a gran velocidad, y cuando entra al túnel se detiene; escuchar ruidos, parece como si hubiera un perro en el vagón, pero no lo puede ver.

Cuando te encuentres estancado con una ideal general (“un cuento de miedo”, “un cuento de ciencia ficción”), trata de abordarlo desde un ángulo más significativo (“a qué le temen las personas”, “cómo se puede viajar al centro del universo si no tenemos transporte a velocidad luz”). Sin duda, serás capaz de crear algo más original.

Tal vez te interesa cómo hacer un monstruo para tus cuentos de terror, o explorar el espacio interior en tus cuentos de ciencia ficción.

Distánciate de tu obra

Aunque es muy frecuente que durante estos bloqueos, abstenerse de trabajar en la obra durante unos días puede ayudar a regresar a ella con nuevas ideas, también puede ser útil distanciarse emocionalmente de la misma.

Cuando un conocido escribe un cuento y pide nuestro consejo, casi siempre tenemos sugerencias para mejorarlo (aunque muy rara vez nos hacen caso; ¡peor para ellos!). ¿Qué pasaría si la idea de ese cuento que no logramos convertir en texto fuera presentada a nosotros por uno de esos conocidos? Sin duda, podríamos orientarlo para que lo hiciera bien.

Distánciate de tu obra pensando qué le dirías a tu amigo si ese cuento fuera suyo, y sigue tus propios consejos. Probablemente cuando lo estés haciendo, descubras que tienes mejores ideas y podrás ponerlas en práctica ahora.

Escribe durante estados de ánimo intensos

Aunque escribir cuando uno se encuentra feliz puede dar buenos resultados, otros estados de ánimo también pueden darle un toque especial a nuestra obra. Cada estado de ánimo altera nuestro pensamiento de las formas más diversas, y las mismas situaciones son interpretadas de forma distinta bajo distintos sentimientos. Un amanecer soleado no nos parece igual cuando estamos alegres que cuando estamos tristes. Un mercado bullicioso tiene efectos diferentes para una persona enojada que para una asustada.

Cada estado de ánimo modifica nuestra creatividad de una forma distinta. Enfoca ese estado de ánimo a la creación y obtendrás resultados inesperados.

Una versión más extrema de esto es lo que Rimbaud llamaba “el desarreglo de todos los sentidos”. A través de una alteración en el estado de conciencia, la percepción de la realidad se transforma. Esto no quiere decir que sea necesario ingerir drogas para ver el mundo de otra forma y capturarlo en nuestros textos, basta algo tan simple como escribir de madrugada, o cuando uno regresa a casa después de una noche ajetreada, o en completo silencio o en medio del ruido.

La próxima vez que tengas insomnio (y si eres escritor, seguramente es más común de lo que piensas), en vez de darte vueltas en la cama, revolviendo las cobijas, saca papel y pluma y ponte a escribir.

Ejercita el pensamiento contrario a los hechos

Si en los hechos tu novia te dejó porque un diseñador gráfico gana más que un escritor, pregúntate qué hubiera pasado si en vez de aprender a leer y a escribir hubieras aprendido a mezclar colorcitos en Paint, o si en vez de ir a la UAM o a la UNAM, hubieras estudiado en el Instituto Icel. O cómo sería tu vida si en vez de sólo el cerebro, también ejercitaras los bíceps y fueras 15 cm más alto, ¿no podrías recuperar a tu novia? ¿O no podrías haber evitado que te la robaran?*

Cuando eres capaz de pensar lo contrario a los hechos, o algo diferente a ellos, eres capaz de hacer ficción. La ficción es el “hubiera” posible. ¿Has probado a pensar en qué sucedería si en vez de un bloqueo de escritor tuvieras un bloqueo arterial?

Piensa en las posibilidades y conviértelas en cuentos.

Cambia de género

Esto puede entenderse de varias formas. La más obvia es cambiar tu estilo de escritura. Si siempre escribes cuentos fantásticos, intenta hacer algo realista. Si todos tus personajes son oscuros e introspectivos, intenta crear a un tipo extrovertido y endiabladamente alegre, aunque sea insoportable. Si te sientes en tu elemento escribiendo relatos ubicados en una ciudad, escribe algo que ocurra en un pueblito lejano o en la selva. Si todos tus personajes son hombres, atrévete a inventar una mujer.

Pero una segunda posibilidad es sobre lo que lees (o las películas que miras, o la música que oyes). Prueba algo que no sea ficción, como un libro de sociología o de psicoanálisis. Ponte a leer novelas realistas, o escritores coreanos, o leyendas populares de España, o La voz del fuego de Alan Moore. O a escritores surrealistas y dadaístas. O a Grant Morrison. Ve una película de Takashi Miike o una de Jan Švankmajer. Escucha un disco de Premature Ejaculation o Stockhausen, o grabaciones vocales de William Burroughs

Cuando nos enfrentamos a algo extraño (y extraño significa sencillamente algo con lo que no estamos familiarizados personalmente; hasta el autor más realista y costumbrista puede parecernos extraño si jamás nos hemos acercado a ese estilo), nuestra mente trata de entender qué está sucediendo, es decir de darle sentido a lo que estamos leyendo (o viendo, o escuchando).

Al enfrentarnos a lo extraño, nuestra mente se siente como sobrecargada de información, mientras intenta interpretar eso extraño y convertirlo en algo más comprensible. La extrañeza es una buena forma de buscar inspiración.

Separa creación e investigación

En ocasiones, nos encontramos trabajando en un proyecto más o menos ambicioso, que requiere de algo de investigación (o mucha), y como vivimos tiempos muy acelerados, mientras investigamos, también escribimos, y eso pocas veces da buenos resultados. La mente no funciona igual cuando estamos “absorbiendo” que cuando estamos “produciendo”. Es una buena idea dedicar a cada cosa su tiempo.

Si tienes que consultar un libro, hazlo lejos de tu lugar de trabajo. Vete un café o al parque, o a donde quiera que te sientas cómodo leyendo. Llévate un lápiz y haz anotaciones breves sobre el libro, sobre aquello que te llame la atención. Y cuando hayas terminado el capítulo o el libro completo, o hayas avanzado lo suficiente, tendrás una idea más nítida de lo que quieres y puedes hacer con tu texto.

Ahora sí, con ese trabajo previo, puedes volver a tu computadora y comenzar a escribir. Mientras escribes, puedes consultar el libro de investigación, pero no te pongas a leer, ahora estás en la etapa de creación.

Muévete

Aceptémoslo, somos escritores porque es más fácil ejercitar el cerebro que el resto de los músculos. Pero incluso el más dotado de los cerebros se verá beneficiado si hace un poco de ejercicio.

El ejercicio bombea sangre oxigenada al cerebro, un cerebro bien oxigenado es un cerebro más listo y con mejor disposición para emprender las labores que le corresponden. El café negro no basta.

En tu próximo bloqueo del escritor, date un respiro y sal a trotar al parque. Al volver, traerás contigo nuevas ideas.

 

Y tú, ¿cómo enfrentas el bloqueo del escritor? Cuéntame tus experiencias.

Excusas para no escribir
Excusas para no escribir

 

* Esto sólo fue escrito a modo de broma. No creo ni por un momento que las mujeres sean objetos de pertenencia de ningún hombre como para que puedan ser robadas. Si tu novia te dejó no es porque te la hayan robado sino porque eres patético.

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