Steampunk filosófico

Ícaro salvado, Julio Nieto
Ícaro salvado, Julio Nieto

En el principio fue el cyberpunk, una corriente de la ciencia ficción más oscura y realista, un retrato del futuro/presente o, como se diría de la obra de J. G. Ballard, “un presente visionario”. De este subgénero nació el steampunk, que es una ciencia ficción retrofuturista (lo que se llama una ucronía, o sea una línea de tiempo alterna) que consiste sobre todo en: a) retratar el presente o el pasado cercano como se podrían haber imaginado en la época victoriana, o: b) retratar la época victoriana con una tecnología más avanzada a la que realmente tuvo, basada eso sí en la máquina de vapor (steam = vapor).

Pero algunos autores pensaron que la máquina de vapor no era la única tecnología que pudo haber tenido avances, ¿por qué no hacer evolucionar los relojes y otros mecanismos basados en cuerdas y engranes? Así nace el clockpunk. ¿Y los motores a combustible? Tenemos el dieselpunk. ¿Un dieselpunk donde lo importante no son los motores sino la cultura de los años 20 y 30? Sería el decopunk. ¿Qué tal un retrofuturismo de corte ambientalista? Ahí está el greenpunk. Representante de la era atómica y espacial, el atompunk. ¿Y si le ponemos magos o duendes? Se le llama gaslamp fantasy.

El problema con todos estos subgéneros es que, mayormente, se enfocan en lo superficial y meramente estético (me refiero no a los valores estéticos de la literatura, sino a los adornos: al vestuario, las máquinas extravagantes y los modales pseudovictorianos), y se olvidan de usar estos elementos como un medio para hacer literatura, tomándolos como un fin. Algo que no me gusta del steampunk es que, al ser un género YA (young adult, adultos jóvenes, o sea para personas de 13 a 21 años), generalmente se trata de obras superficiales, más cercanas al best-seller de moda que a sus supuestos fundadores (Julio Verne, H. G. Wells). Es algo común en la literatura de género, lo más importante para la mayoría de autores es precisamente el género con todos sus clichés, sus elementos recurrentes y su estética.

Pero yo concibo la ciencia ficción (y el steampunk forma parte de la ciencia ficción, ya sea por la tecnología o por la ucronía) como la relación del ser humano con la tecnología que lo rodea, real o imaginaria, posible o imposible, y a analizar esta relación lo aprendí de J. G. Ballard, de Ray Bradbury y de William Gibson. Mediante la exploración de este vínculo intento sacar a la luz los distintos significados de ser humano, o muestro diversas formas, preferentemente no convencionales, de serlo, indicando de paso que la vida no tiene sentido per se, que la búsqueda del sentido de la vida de cada uno es una búsqueda personal (no espiritual, sino material), incluso quiero decir que es válido renunciar a esa búsqueda; también me interesa hacer una crítica a los valores convencionales/capitalistas y a los valores cristianos/católicos.

El relato del vínculo entre el hombre y la tecnología (mecánica y electrónica, pero también de otro orden, como las tecnologías de control social) termina por ser una exploración filosófica, y en ella pueden intervenir elementos psicológicos, políticos, religiosos, sociales, en suma, ideológicos. Lo narrado, lo que vale a decir “lo que se cuenta”, tiene un valor simbólico, alegórico o metonímico (metáfora de la realidad), y su lectura directa no es la única posible ni la principal.

En mi cuento “Ícaro“, que fue escrito originalmente para la colección The best of spanish steampunk (de la que se puede leer una buena reseña aquí), el steampunk es el pretexto para contar una historia sobre una persona que da el salto icárico, esa idea filosófica de que la felicidad no es la cómoda medianía de la clase pequeño burguesa (o de la clase media con valores burgueses) que consiste en tener un buen trabajo, una buena cuenta bancaria, una buena esposa, un buen hijo, una buena casa, un buen coche y un buen perro, sino en dar el salto hacia el sol, aunque el fuego derrita tus alas y la caída te mate; la felicidad—el ideal—no es alcanzable sino deseable, algo que se debe buscar y cuestionar continuamente aunque se tenga plena conciencia de que jamás se logrará, pues sin esa búsqueda la vida sólo es una sombra de lo que podría ser, la existencia gris del hombre gris.

Con este cuento, con el que me gusta bromear diciendo que funda el philospunk o la filosofía en el steampunk, pretendo mostrar dos formas de vida opuestas, la de Altair, que quiere llegar al sol, y la de Boris, que quiere casarse y tener una casa propia. Aunque algunas formas de vida me parecen preferibles a otras, no es mi intención condenar unas mientras aplaudo a otras, sino decir: “Escuchen, hay otras formas de vivir, ¿por qué no conocerlas? Incluso podríamos aprender algo”.

Anuncios

3 Comments

Add yours →

  1. Muy interesante. Si te soy sincero no conocía el “gaslamp fantasy” y me ha llamado mucho la atención. Yo sigo obsesionado con hacer algo steampunk que rompa con lo conocido y se aleje del tópico de los gadgets y los engranajes. Gracias por el artículo, con tu permiso lo comparto en mi página de Facebook.

    Le gusta a 1 persona

¿Qué te pareció esta publicación? ¡Cuéntame!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: