Lovecraft y sus aportes a la literatura universal

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Es fácil no saber leer a H. P. Lovecraft, es lo más fácil del mundo. De hecho, es ya un cliché no saber leerlo.

La crítica académica, con sus estructuras y formas delimitadas, no supo verlo hasta recientemente más que como un autor de género (¿hay algo inherentemente malo en ser un escritor de género?), etiqueta malintencionada que se le colocó mucho después de muerto; un escritor mediocre que abusaba de los adjetivos y los galimatías sensacionalistas.

Lovecraft es, sin embargo, en realidad un autor sobresaliente, que inventó técnicas literarias que a nadie se le habían ocurrido antes. El alcance de su influencia va más allá del círculo literario que se formó a su alrededor, donde hubo notables escritores, como Robert E. Howard y Clark Ashton Smith, entre otros, y puede apreciarse en escritores tan importantes como Burroughs, Ballard y Borges.

Su principal hallazgo es de orden lingüístico, al emplear el lenguaje para expresar algo que no puede ser expresado, aquello que va más allá de lo concebible.

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Lovecraft fue un autor minucioso, empleó el relato de horror y la ciencia ficción de su tiempo (weird fiction) como una forma para comunicar sus ideas filosóficas (materialistas) acerca del hombre y el universo. En otras palabras, el género le sirvió como un medio, y no como un fin.

En El horror de Dunwich, cuando el cuerpo de Wilbur Whateley se disuelve, Lovecraft se enfoca en describir la putrefacción que experimenta la materia antes viva, parte por parte, descripción que es análoga a las ideas de David Hume, filósofo que afirmaba la imposibilidad de percibir los objetos o entidades en sí, y en su lugar, sólo podía percibirse una serie de cualidades: no existen las manzanas, sino que hay redondez, color rojo y aroma, y el conjunto de esas características forman lo que nuestra mente entiende como una manzana. Es decir que estamos ante un realismo especulativo, una de las aportaciones literarias del norteamericano.

Realismo especulativo porque funda el “extrañamiento existencial” en la literatura. Se trata de una desnaturalización de lo que percibimos como normal, o sea una crítica a la naturaleza de la realidad. Tras leer prácticamente completa la obra narrativa de Lovecraft y un puñado de sus cartas (escribió miles de ellas), uno puede convencerse de que el uso de estas técnicas nuevas no fue un mero accidente, como sí lo fueron muchos de los descubrimientos de autores tan relevantes como Franz Kafka (accidentes, quizá, pero no por ello le restan importancia o valor a las obras creadas), sino un acto deliberado del escritor precisamente para aumentar el nivel de “extrañeza” en sus relatos. Lovecraft y Kafka se parecen mucho al mostrar esa alienación o extrañeza del hombre hacia el mundo, pero se parecen muy poco en la forma en que la abordan. No cabe duda de que sabía lo que estaba haciendo al usar el género para transmitir su cuasi filosofía materialista-nihilista.

A pesar de sus aportes, su barroquismo lo ha relegado a un status de mal escritor, un excéntrico dentro de un género de por sí excéntrico (fuera del centro, marginal), pero él siempre intentó escribir lo inenarrable, ¿no es así? Trabajó con el lenguaje para tratar de decir lo que no podía decirse, algo que era tan inmenso y extraordinario que no podía ser expresado. En esto, se parece a Beckett, a Joyce, a Nietzsche, pero también a Rimbaud y a Artaud, que usaron el lenguaje para decir algo más allá del lenguaje.

Arte: Weird Tales
Arte: Weird Tales

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Todo lo que Lovecraft produjo, trata como tema, central o periférico, la alienación. Cuando describe a Cthulhu, lo primero que hace es decirte varias cosas que Cthulhu no es, y eso es una táctica brillante, no una debilidad. Pues si la mente no puede percibir la realidad completa, sino sólo esbozos de ella, decir lo que algo no es, permite delimitar las posibilidades aunque sea un poco.

El caso de Charles Dexter Ward, una de sus escasas novelas, está escrita como un relato histórico, retratando la historia de Providence, Rhode Island, y lo que hizo a fin de cuentas fue introducir lo cósmico en lo regional-histórico, lo fantástico y lo maravilloso, en el realismo. Es una novela perfectamente estructurada y objetiva sobre Nueva Inglaterra, su historia y sus paisajes, sus costumbres y su idiosincrasia. A ello, se le añade el elemento que tanto interesaba a nuestro autor: el horror cósmico, el horror que surge al contemplar y confrontar el universo tan grande y la insignificancia del ser humano. Es una novela de un realismo contundente a la vez que de una imaginación y sensibilidad desbordantes.

Lovecraft escribió durante el apogeo de la teoría de la relatividad, y la comprendió, quizá superficialmente pero lo suficiente para tener una mirada descentralizada sobre el ser humano. La literatura fantástica de Lovecraft no es sobrenatural, es materialista, como la ciencia de Einstein. No es el diablo ni los fantasmas ni las brujas (las pocas brujas que hay en los cuentos de Lovecraft son en realidad geómetras y matemáticas; las fórmulas mágicas, fórmulas algebraicas) quienes quieren destruir el mundo, sino seres materiales que habitan el universo no en tres (o cuatro) dimensiones como el ser humano, sino de otra forma, de una forma incomprensible, inefable, y por eso ante nuestros ojos son cosas ridículas o absurdas. ¿Un pulpo gigante con alas de vampiro? Parece algo estúpido.

Pero el gran Cthulhu no es eso, es sólo la forma en que lo perciben los sentidos humanos, como si se tratara de malos efectos especiales. ¿Cómo metes cinco dimensiones en un plano de tres dimensiones? Sus monstruos son tan reales como imágenes en 3D vistas en 2D, o sea como un dibujo de un cubo en una hoja de papel, o como una caricatura; se ve lo que es pero no se puede percibir la realidad de lo que es, no totalmente. Además, el dibujo es una representación de un cubo, pero un cubo verdadero no lo puedes meter en una hoja de papel, y los textos de Lovecraft representan esa imposibilidad de explicar lo imposible (sus monstruos, o la naturaleza verdadera del universo) en lo posible (la literatura o las fórmulas matemáticas). Los monstruos lovecraftianos son los significantes de un significado inaprehensible; son los símbolos de una realidad materialista y una visión pesimista del universo, un universo que no se preocupa por nosotros.

Mediante su conocimiento de astronomía y física, entendió que la vida humana no tiene importancia en sí misma ni es nada especial. En este espacio inacabable de estrellas “arrojadas” al azar aquí y allá, en este universo donde no existe ningún Creador, es donde el ser humano aparece como una mota de polvo insignificante, en un rincón de una galaxia sin la menor importancia, una galaxia minúscula entre cientos de miles. Y esta alienación es la que él trataba de encarnar con sus Shub-Nigguraths y sus Azathoths. El terror radica en el rompimiento del paradigma antropocéntrico, cosa que H. P. Lovecraft explotó a lo largo de su producción.

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Otro de los “defectos” que comúnmente se le achacan a Lovecraft, es el uso excesivo de adjetivos. El propio Lovecraft recomienda no abusar de ellos cuando se redacta un texto de ficción, y él mismo es el primero en ignorar su recomendación. Sin embargo, quizá este uso de adjetivos para describir una única cosa, esta saturación de elementos para tratar de explicar cómo es una cosa, tiene el mismo sentido que su barroquismo, que el resto de su vocabulario: como no se puede expresar la cosa en sí, debido a que es imposible percibirla en su totalidad, no queda más que tratar de reducirla a sus características más simples: formas, colores, olores, tamaños, texturas, sonidos, es decir a aquellas características que es posible percibir mediante los sentidos humanos.

Reducir lo imposible a lo posible, con la esperanza de que el oyente (o lector) sea capaz de captar un aproximado de la cosa en sí. Al mismo tiempo, cuando los personajes describen sus encuentros a través de tantos calificativos, ¿no es ello indicio de la magnitud del encuentro y de lo abrumador que ha sido para su conciencia?

En muchas de sus narraciones (“La llamada de Cthulhu”, Los sueños de la casa de la bruja, “Del más allá”), los espacios y seres descritos se dividen en múltiples planos de percepción que, como en el cubismo y el futurismo, perturban la coherencia del objeto descrito, es decir que éste parece ser percibido desde distintos ángulos a la vez, y la expresión de esa percepción no se da de forma clara, sino fragmentada, por medio tanto de impresiones subjetivas como de datos objetivos.

En su relato más conocido, “La llamada de Cthulhu”, cuando describe la morada de este ser, Lovecraft lo hace mediante alusiones al futurismo, y menciona una geometría no euclidiana. Kant suponía la existencia de un vínculo entre la geometría euclidiana (la geometría con la que estamos familiarizados) y la geometría real del mundo físico, pero con el descubrimiento de geometrías no euclidianas en el siglo XIX, este vínculo queda fracturado, y la geometría como la conocemos, deja de ser real de hecho y se revela como un sistema de pensamiento, únicamente, diferente al mundo físico. La geometría teórica es el significante que nos representa una realidad inefable, un significado, la geometría real.

El mundo “normal” sería ése donde reina una geometría euclidiana, donde la suma de todos los ángulos de un triángulo es siempre 180°. Lo “extraño” (weird) irrumpe cuando las leyes físicas se fracturan, y los ángulos de un triángulo suman menos de 180° (geometría hiperbólica) o más de 180° (geometría elíptica). Y precisamente estas “geometrías erróneas” aparecen constantemente en la obra de Lovecraft, que integra la ciencia con el horror para demostrar la base científica de sus relatos de ficción extraña. Y aunque no podamos definir cómo es una geometría errónea, ningún otro adjetivo puede generar la misma impresión que éste.

"Without knowing what futurism is like, Johansen achieved something very close to it when he spoke of the city; for instead of describing any definite structure or building, he dwells only on broad impressions of vast angles and stone surfaces - surfaces too great to belong to anything right or proper for this earth, and impious with horrible images and hieroglyphs. I mention his talk about angles because it suggests something Wilcox had told me of his awful dreams. He said that the geometry of the dream-place he saw was abnormal, non-Euclidean, and loathsomely redolent of spheres and dimensions apart from ours. Now an unlettered seaman felt the same thing whilst gazing at the terrible reality. " H-P Lovecraft
Arte: http://bit.ly/1fsjqZJ

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En suma, los distintos aportes literarios, lingüísticos y filosóficos de Lovecraft, nos muestran un mundo extraño o “erróneo” frente al mundo “normal”, familiar, a ese mundo que hemos naturalizado y que damos por hecho como una realidad objetiva. Lovecraft nos recuerda que, de hecho, no es así, que hay un desfase entre el significado y el significante de lo que entendemos como realidad. Con ello insiste en que hay una imposibilidad (al menos hasta ahora) de conocer la naturaleza de la realidad en sí.

Las descripciones que cada uno sus personajes nos hacen de esos seres que aparentan ser dioses, y de esos mundos de geometrías anómalas, no son los delirios de una mente perturbada, sino la explicación no técnica de un hombre inteligente que no comprende lo que ve y trata, a pesar de ello, de describirlo o explicarlo.

Si en vez de cuentos de ciencia ficción y terror, estas ideas se nos presentaran en un marco naturalista, quizá habrían tenido una mayor aceptación en la academia, pero, ¿no es más interesante leer las desventuras de estos pobres diablos que se descubrían poseedores de ciertos conocimientos incompatibles con las academias de su tiempo? ¿No es también un toque de genio? Un genio algo trágico, sin duda, pero que al fin, ahora que se ha colado al mainstream, parece estar dando frutos, en manos de los lectores adecuados.


¿Sabes cómo Lovecraft y otros autores, hacen un monstruo? Descúbrelo aquí.

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No ficción

8 Comments

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  1. Suscribo TOTALMENTE tu artículo, gracias por expresar algo de una forma más clara de la que he podido hacerlo yo.

    Hace un tiempo, luego de tantas referencias de la cultura popular a Cthulhu y compañía, me decidí a comenzar a leer la obra de Lovecraft y quedé fascinado con sus relatos, con su contenido, con su claridad de pensamiento, hasta el punto en que dije “pero si este señor es un genio, una de esas mentes preclaras en una época oscura cuyos habitantes no logran entenderlo por estar en niveles muy distintos de conocimiento y consciencia”, sin embargo, también note y me decepcioné otro tanto al ver cuan deformada y malinterpretada es su obra, incluso hoy en día, 100 años después y con un buen avance científico a cuestas.

    Le gusta a 2 personas

    • Jorge Jaramillo Villarruel 21 agosto, 2015 — 10:04

      Es verdad que ni siquiera hoy, sabemos leer a Lovecraft. El tipo tenía un pensamiento vivo y claro, y no se necesita ser un Einstein o dos Einsteins para darse cuenta de la profundidad de su pensamiento; lo que sí se necesita es aprender a analizar lo que uno lee y darse cuenta de que tentáculos y rituales no son temas lovecraftianos, la insignificancia del ser humano y la inexistencia de dios, sí lo son.

      ¡Gracias por tus comentarios!

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  2. Notable artículo. He aprendido mucho sobre Lovecraft.

    Saludos desde Ecuador.

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  3. Muy interesante artículo. No he tenido el placer de leer a Lovecraft y debo decir que se debe a tantos memes extraños que se encuentran por ahí. Pero gracias por darme un parteaguas, definitivamente voy a leerlo a conciencia. Seguro que me encanta.

    Saludos!

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    • Jorge Jaramillo Villarruel 29 marzo, 2016 — 23:56

      Hola, Sara. Espero que tengas la oportunidad de leerlo. Aunque en los últimos diez o doce años se ha puesto de moda y hasta hay referencias a su obras y personajes las series de televisión, realmente no podríamos considerarlo como un autor mainstream o pop. Lovecraft es difícil. Eso no significa que sus cuentos sean difíciles de entender; al contrario, son muy sencillos. Pero el subtexto no es fácil de ver entre tanto tentáculo.

      ¡Buena lectura y gracias por leer este blog! Ojalá que encuentres algo más que te agrade.

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  4. Las líneas de Lovecraft burlan la cordura…

    Bien ha sabido usted decodificar que no se trata de los delirios de una mente perturbada, sino más bien de los elegantes intentos de un hombre inteligente en tratar de explicar lo inexplicable, lo suprahumano, lo inentendible…

    La mitología lovecraftiana es un catálogo de avatares y alteregos de algo aun más horroroso que la descripción de estos Cthulhu, Shub Niggurath, Yog Sothoth, Nyarlathothep, Azathoth. Las conjeturas de Lovecraft pueden interpretarse tan absurda como las “insinuaciones” en relación a la redondez de la tierra en el siglo XX a.C. encontradas en textos como el hindú Surya Siddantha y el libro egipcio La Morada Oculta. Insinuaciones, estas, previas a las acepciones de Copérnico… Lovecraft es dueño de un no-mundo, o más bien un anti-mundo.

    Gracias por su acertado artículo.

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    • Jorge Jaramillo Villarruel 31 marzo, 2016 — 10:31

      Gracias a ti por tomarte el tiempo de leer y comentar, que es lo que me anima a seguir escribiendo.

      Bien dices que todos estos Cthulhus y Azathothes sólo son máscaras que a la vez muestran y ocultan la realidad del universo: la ausencia de sentido.

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