El piano de esperanza brilla en la sala de enfermos

Sanatorium E – Abandoned Tuberculosis Hospital
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…no, no es un delirio. El piano de esperanza brilla en la sala de enfermos. Yo lo vi. Lo vi claramente y también escuché cuando la enfermera golpeó una de sus teclas negras. esperanza, claro, no estaba muy feliz. Pero esperanza me tiene sin cuidado. Lo que me angustia es ese piano con su potencial ruido, despertándome en la noche. ¿Y si muero? ¿Y si un escándalo se produce a las tres de la mañana, cuando el alma se encuentra en bajante, y el corazón se me espanta tanto que le dé un infarto?

No tiene caso quejarme, lo sé. Nadie me escucha. Sólo soy un vegetal. La propia esperanza me lo dijo la vez que vino a visitarme: “Papi, los doctores dicen que eres una planta, pero yo te veo igual que siempre, sólo que más flaco y más dormilón”. ¡La inocente!

Lo mejor que puedo hacer es seguirles el juego, quedarme en silencio (como si pudiera hacer otra cosa) y esperar. Pero me perturba la presencia del piano de esperanza. Los otros enfermos no parecen preocupados, pero eso se debe a que son ignorantes. No han escuchado ese armatoste hacer sus cosas. Yo lo he escuchado incontables noches de insomnio. Me levanto, o me levantaba, no sé si me levantaré de nuevo, al oír los primeros quejidos que el maldito instrumento emitía desde su garganta maltrecha. Un sudor frío corría por mi espalda, y no podía evitarlo, era como si el piano de esperanza me llamara con una voz de espectro. Y yo, obediente, iba a su encuentro. Siempre lo encontraba en silencio y al día siguiente, esperanza y también Esperanza, juraban y aseguraban que no habían escuchado nada, que debía de haber sido un sueño.

Esta noche, cuando el piano comience a chillar sus tonos enfermizos, no me quedará duda: el piano de esperanza es el mismísimo diablo.

Por supuesto, queda la posibilidad de que el piano no exista y sólo lo esté imaginando. También es posible que ese hombre amable que me visita cada mañana tenga razón, y tanto esperanza como Esperanza, cuyos dulces labios anhelo, no sean sino esposa e hija imaginarias. Cosas más raras han sucedido, después de todo.

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