Claudia y el monstruo

Ilustración: David A. Martínez
Ilustración: David A. Martínez

Hay un monstruo en tu habitación, Claudia.

Despierta. ¡Anda, despierta!

Y tú despiertas, y escuchas su respiración en alguna parte, cerca de ti. Por un momento no sientes miedo; no sabes aún que tu vida está amenazada. Y entonces lo ves: una sombra más oscura en la oscuridad de tu alcoba. Sólo tienes siete años, pero has descubierto que los adultos mienten. “No existen los monstruos” te decían tus padres. Te engañaron. Y en un instante, te das cuenta de que debes huir ¡ya!

Corre, Claudia. ¡Corre! ¡De prisa! ¡Escapa!

No tienes tiempo de colocarte tus zapatos ni de abrigarte, has abandonado la cama de un salto, y has atravesado la puerta. El monstruo viene detrás de ti. No lo ves, pero lo escuchas. Sus pasos hacen un sonido pegajoso, como si corriera sobre un charco medio seco. Sientes el frío suelo en las plantas de tus pies y piensas que habría sido inteligente dormir con calcetas. No mires atrás, Claudia, no mires atrás.

La puerta de la habitación de tus padres debe estar cerrada con llave, como siempre; si intentaras abrir o llamar, sabes que estarías perdida, que el monstruo te atraparía, y pasas de largo hasta llegar a la escalera. Recargado sobre la pared, junto a la escalera, está el bate de béisbol de tu hermano. Sin dudarlo y sin dejar de correr lo tomas. Tal vez puedas defenderte con él. Tal vez.

Oyes los pasos de tu perseguidor bajando trabajosamente por la escalera. Debes llegar a la puerta y alcanzar el jardín antes de que te atrape. Debes correr más rápido, ser más astuta que él. ¡Vamos, vamos! ¡Date prisa, Claudia!

Pierdes un valioso instante en destrabar la puerta, y recuerdas que la puerta siempre se atora un poco y hay que golpearla ligeramente para abrirla. La golpeas y la abres y ahora estás en la calle. Sólo un poco más y llegarás al jardín.

La verja está cerrada, pero conoces una entrada secreta. Te arrastras debajo de los ladrillos, a un costado de la verja, y ya estás dentro. Ahora ¡corre! ¡Ocúltate! ¡No! No vayas al quiosco, allí seguro que te encontrará. Escóndete entre los árboles y arbustos. Desde allí lo verás llegar y podrás evitar que te atrape. Con un poco de suerte, podrás eludirlo hasta el amanecer, y el vigilante tendrá que venir y salvarte de tu perseguidor. Será muy fácil.

Pero la suerte no te acompaña esta noche, Claudia; detrás de ti, muy cerca, los mismos pasos viscosos de antes. No tienes tiempo de mirar, debes correr. ¡Corre!

El monstruo casi consigue pisarte los talones. ¡Corre! Escuchas su respiración entrecortada, y detrás, otro sonido. ¿Una risa? Pero no se parece a ninguna risa que hayas escuchado antes. Sientes mucho miedo, y el miedo te hace perder el equilibrio, y caes de bruces sobre el suelo. El bate de tu hermano ha caído un poco lejos de ti. No tienes tiempo de ponerte de pie, debes arrastrarte deprisa, tomar el bate y golpear con todas tus fuerzas la cabeza del monstruo.

Tu brazo se estira. Soportas el dolor en tus rodillas. Tu mano se abre, casi lo alcanzas. Haz un esfuerzo, no está muy lejos, sólo unos centímetros, las puntas de tus dedos alcanzan a rozarlo ya, pero algo sujeta tu pie. Algo frío y rasposo. Tal vez te atoraste con una rama. De nuevo estiras el brazo para alcanzar tu arma; de nuevo sientes la presión sobre el pie, pero ahora te jala un poco hacia atrás. No mires atrás, ¡no puedes mirar atrás! Debes alcanzar el arma y salvarte. No pasa nada, sólo se trata de una rama. Sientes tu pie libre y de nuevo intentas tomar el bate, y de nuevo sientes eso frío y rasposo rodeando tu tobillo, y otra vez eres jalada hacia atrás. Ya no puedes negarlo. El monstruo te ha atrapado.

No lo mires, Claudia. No lo mires.

Te has dado la vuelta, y ahora lo tienes frente a ti, sobre ti. La luz de la luna detrás de él te impide ver su rostro, pero parece el de un hombre, y sus manos escamosas se acercan a ti.

No lo mires más. Cierra los ojos, Claudia.

Publicado en Crisálida #8, “Monstruario”, abril de 2012 (versión impresa).

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Ficción

2 Comments

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  1. Increíble, estuve en tensión todo el relato…
    Espero poder engendrar una historia así :)

    Le gusta a 1 persona

    • Jorge Jaramillo Villarruel 10 noviembre, 2016 — 10:15

      Gracias por tus palabras y por venir a leer. En otras partes de este blog, hay algunas sugerencias sobre cómo escribir distintos tipos de relatos (constantemente escribo nuevos artículos del tema), y son precisamente los métodos que yo uso. Tal vez alguno te sirva.

      Saludos.

      Me gusta

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